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Sacramento
de Penitencia y Reconciliación
El
nombre de este sacramento.
Sacramento
de conversión: Porque realiza sacramentalmente el llamado
de Jesús a la conversión, y el volver hacia el Padre
del que el hombre se había alejado por el pecado.
Sacramento de la penitencia: porque consagra un proceso personal
y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación
por parte del cristiano pecador.
Sacramento de la confesión: porque la declaración
o manifestación, la confesión de los pecados ante
el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento.
Sacramento del perdón: porque otorga al pecador el amor de
Dios que reconcilia "Dejaos reconciliar con Dios" (2
Co 5,20). El que vive del amor misericordioso de Dios, está
pronto a responder a la llamada del Señor "Ve primero
a reconciliarte con tu hermano" (Mt 5,24).
El sacramento
de la Penitencia tiene un lugar relevante en la vida de la Iglesia.
Esta es consciente de que Jesucristo le ha confiado, en los Apóstoles
y en sus sucesores, el poder de perdonar los pecados. Por consiguiente,
ha visto siempre en este sacramento el signo del perdón de
Dios confiado a la propia Iglesia.
"Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que
ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates
en la tierra, quedará desatado en el cielo" (Mt 16,19)
El Bautismo,
el Cuerpo y la Sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo,
nos han hecho "santos e inmaculados ante Él"
(Ef 1,4), pero no eliminan la fragilidad y la debilidad de la naturaleza
humana - la inclinación al pecado - . La lucha diaria del
cristiano contra el pecado y la tentación es la conversión
con miras a la santidad a la cual nos llama Dios.
El Pecado
La realidad del mal es algo evidente para todo aquel que no quiera
estar ciego ante lo que ocurre cotidianamente. Este mal es visto
por el creyente como la expresión ante lo que ocurre cotidianamente.
Este mal es visto por el creyente como la expresión de la
ruptura que existe entre Dios y el ser humano, esa grieta que nace
del corazón de cada persona y que separa a los hombres, oprime
a los débiles, olvida a los pequeños e ineficaces.
Esa ruptura es a lo que llamamos pecado.
El pecado conlleva tres dimensiones que están en relación
continua, pero que al tiempo pueden diferenciarse:
- El pecado
como rechazo de sí mismo. Como fractura entre lo
que realmente soy y lo que estoy llamado a ser, entre lo que realizo
y aquello que, en virtud de mi capacidad, podría realizar.
- El pecado
como rechazo a los demás. Notablemente unida a la
anterior, pues mis opciones por acaparar, conservar o utilizar
mis cualidades y dones para mi propio beneficio y disfrute, privan
a otros de posibilidades y esperanzas.
- El pecado
como rechazo a Dios. Detrás de las dos dimensiones
anteriores, mas profundo que ellas mismas, está el rechazo
de un Hacedor, de un Señor, del que recibo el don y la
cualidad. Al afirmarme a mi mismo, niego al otro como humano,
pero niego al Otro como Dios.
Gradualidad
del pecado
El pecado tiene una gradualidad. No todo es igual ni toda opción
compromete de igual manera a la persona. Por ello, podemos establecer
tres situaciones diferentes:
- Pecado mortal.
Es una opción libre, premeditada, consciente, que implica
una ruptura radical con Dios y con los demás.
- Podemos encontrar,
también, situaciones en las que, pese a que la acción
es grave en sí misma, las circunstancias que la rodean
se orientan a dibujar una realidad en la que no hay pleno consentimiento
ni libertado total. Se manifiesta todo ello en la inmediata reacción
de la persona para repararlo, para evitar las circunstancias que
lo facilitaron, etc.
- Pecado venial.
Que hace referencia a las faltas cotidianas, son signos de nuestra
debilidad y limitación, de nuestra falta de amor a los
demás y a Dios.
La Conversión
Jesús llama a la conversión. Esta llamada es una parte
esencial del anuncio del Reino "Hablaba de esta forma: "El
plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado. Tomen
otro camino y crean en la Buena Nueva" (Mc 1, 15)
En la predicación de la Iglesia, esta llamada se dirige primeramente
a los que no conocen todavía a Cristo y su Evangelio. Así
el Bautismo es el lugar principal de la conversión primera
y fundamental.
Ahora bien, la llamada de Cristo a la conversión sigue resonando
en la vida de los cristianos. Esta segunda conversión es
una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que "recibe
en su propio seno a los pecadores".
De ello da testimonio
la conversión de San Pedro tras la triple negación
de su Maestro. La mirada de infinita misericordia de Jesús
provoca las lágrimas del arrepentimiento y , tras la resurrección
del Señor, la triple afirmación de su amor hacia él.
La segunda conversión tiene también una dimensión
comunitaria. Esto aparece en la llamada del Señor a toda
la Iglesia: "¡Arrepiéntete!". (Ap
2,5.16).
San Ambrosio
dice acerca de las dos conversiones que, "en la Iglesia,
existen el agua y las lágrimas: el agua del Bautismo y las
lágrimas de la Penitencia".
Significado
de este Sacramento
El sacramento
de la penitencia es un encuentro gozoso de reconciliación.
En él intervienen siempre tres sujetos que lo configuran
como sacramento: Dios, que busca, salva y renueva a la persona;
la Iglesia, que hace visible en su seno el encuentro de reconciliación
y la persona, que acoge en su propia vida el don de la reconciliación.
- La misericordia
entrañable de Dios
La reconciliación es, fundamentalmente una obra de Dios.
Una obra en la que interviene tal como es: Un Padre que busca
a sus hijos perdidos, que sale a su encuentro constantemente.
Este es el significado profundo de toda la Historia de la Salvación.
Un Padre que busca a sus hijos de formas diversas para otorgarles
su propio hogar, su propia alegría, su propia vida.
- Hijo que,
en su Muerte y Resurrección, manifiesta lo que es la reconciliación:
un proceso de lucha contra el mal, una entrega al servicio de
los demás, un camino de dolor (vía curcis) hacia
una situación nueva de amor.
- Espíritu
que es la misma vida de Dios derramada sobre los creyentes, que
nos mueve a la conversión, nos transforma y nos renueva
en la fe.
La Iglesia, hace visible el sacramento de la Penitencia
La Iglesia, familia de los que siguen a Jesús, participan
de su Espíritu y se reconocen hijos del mismo Padre, se
interesa por la situación de cada uno de sus miembros.
No puede quedar indiferente ante el pecado de uno de sus componentes
que necesariamente afecta a la comunidad entera. Todo esto se
manifiesta mediante:
- La presencia
de la Iglesia, a través de la Palabra de Dios que a todos
invita a la conversión, los signos litúrgicos que
para todos expresan el perdón y el servicio ministerial
del sacerdote que simboliza la presencia de Cristo, la apostolicidad
y el envío de Jesús.
- La absolución
del ministro ordenado que hace presente a Cristo y a la Iglesia,
no es sólo una expresión de la buena noticia del
perdón de los pecados o una mera declaración de
que Dios lo ha perdonado; gracias a ella, somos readmitidos a
la plena comunión eclesial. El sacramento de la penitencia
es un tribunal de gracia, en el que Dios, Padre misericordioso,
vuelve justo al pecador por la muerte y resurrección de
Jesucristo en el Espíritu Santo (CIC 1461-1467)
- La ayuda
y acompañamiento de la comunidad particular. La intervención
de la Iglesia en el proceso penitencial se concreta en el perdón
mutuo y la corrección fraterna, la palabra de ánimo
y la propia celebración del sacramento. El hombre al encuentro
con Dios misericordioso.
El ser humano
al encuentro con Dios misericordioso
Sin embargo, todo lo hasta aquí dicho no puede realizarse
si el hombre no acoge el don que el Padre le ofrece: Dios no puede
reconciliar a quien no quiere reconciliarse.
Por eso los
actos del penitente son de la máxima importancia y pueden
reducirse a tres:
- Conversión:
llamada también contrición. Puede ser perfecta,
cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas y obtiene
el perdón de los pecados veniales y también de los
mortales, siempre que haya firme resolución de confesar
tan pronto sea posible. Es imperfecta, cuando, movidos por la
gracia de Dios y bajo el impulso del Espíritu Santo, brota
de la consideración de la fealdad del pecado o del temor
de la condenación eterna y de las demás penas con
que es amenazado el pecador. (CIC 1451-1453)
- Confesión
de los pecados: La Iglesia reconoce que hay diferentes maneras
de expresar externamente esta confesión. Todas ellas son
válidas y suficientes siempre que no se trate de pecados
que supongan una ruptura con Dios y la Iglesia. Cuando se trata
de un pecado mortal, donde queda comprometida esta relación
la Iglesia estima la confesión oral de ese pecado.
La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye
una parte esencial del sacramento de la Penitencia. "En la
confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados
mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente,
incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos
solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo,
pues a veces, estos pecados hieren más gravemente el alma
y son más peligrosos que los qua han sido cometidos a la
vista de todos".
"Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar
todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que están
presentando ante la misericordia divina para su perdón
todos los pecados que han cometido. Quienes actúan de otro
modo y callan conscientemente algunos pecados, no están
presentando ante la bondad divina nada que pueda ser perdonado
por mediación del sacerdote. Porque si el enfermo se avergüenza
de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo
que ignora" (Concilio de Trento "doctrina sobre el Sacramento
de la Penitencia)
- La satisfacción:
Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso
hacer lo posible para repararlo (por ejemplo restituir las cosas
robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado,
compensar las heridas). La simple justicia exige esto. Pero además
el pecado hiere y debilita al pecador mismo, así como sus
relaciones con Dios y con el prójimo. La absolución
quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que
el pecado causó.
La penitencia que el confesor impone debe tener en cuanta la situación
personal del penitente y buscar su bien espiritual. Puede constituir
en la oración, en ofrendas, en obras de misericordia, servicios
al prójimo, privaciones voluntarias, sacrificios y sobre
todo, la aceptación paciente de la cruz que debemos llevar.
"En
el sacramento de la Penitencia, Dios, Padre misericordioso, que
reconcilió consigo al mundo por la muerte y resurrección
de su Hijo, y derramó el Espíritu Santo, para el perdón
de los pecados, por el ministerio de la Iglesia, perdona al cristiano
los pecados cometidos después del Bautismo"
Efectos
de este Sacramento
- Nos restituye
la Gracia de Dios para estar en condiciones de enfrentar la tentación
y el pecado.
- Nos reconcilia
con Dios, uniéndonos nuevamente en profunda amistad con
Él y dando como resultado la paz y la tranquilidad de la
conciencia
- Nos reconcilia
con la Iglesia, pues el pecado menoscaba o rompe la comunión
fraterna. Como la Iglesia es un solo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo,
el pecado cometido por uno de sus miembros daña a todo
el cuerpo. La reconciliación tiene un efecto vivificante,
fortaleciendo al Cuerpo de Cristo por el intercambio de los bienes
espirituales entre sus miembros.
- Se anticipa
en cierta manera el juicio al que seremos sometidos al fin de
la vida terrena, pues sólo por el camino de la conversión
podemos entrar en el Reino de Dios.
Celebración
Como Todos los
sacramentos, la reconciliación es una acción litúrgica.
Básicamente este sacramento está constituido por tres
actos realizados por el penitente y por la absolución del
sacerdote.
- Arrepentimiento
o contrición, dolor del alma y un rechazo al pecado cometido
con la resolución de no volver a pecar.
- Confesión
de los pecados.
- Satisfacción
o penitencia
- La Absolución
que el sacerdote da en nombre de Dios.
Indulgencias
El pecado tiene
una doble consecuencia. El pecado mortal nos priva de la comunión
con Dios y nos hace incapaces de la vida eterna, nos hace merecedores
de la pena eterna. El sacramento de la Reconciliación nos
perdona el pecado mortal, pero no nos libera de la necesidad de
purificación, que debemos cumplir durante la vida terrena
o después de la muerte, en lo que se llama purgatorio. También
necesitamos purificarnos de los pecados veniales, aun cuando estemos
arrepentidos. Esta purificación libera de lo que se llama
la pena temporal del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas
como castigo de Dios, sino como una consecuencia del pecado.
Ante la presencia
de Dios Padre el hombre debe llegar sin mancha alguna. El sacramento
de la Reconciliación, perdona los pecados y nos libra de
la pena eterna, pero no de la temporal, es decir, no nos purifica
completamente, quedan en nuestra alma las huellas de los pecados
cometidos y de los apegos desordenados a las cosas terrenas. La
conversión que se manifiesta en un verdadero amor al prójimo,
puede lograr en el hombre una total purificación. El esfuerzo
del cristiano por soportar pacientemente los sufrimientos y las
pruebas de la vida ayudan también a esa purificación.
La indulgencia
es la remisión ante Dios de la pena temporal de los pecados
ya perdonados y cumpliendo determinadas condiciones consigue, por
medio de la Iglesia, la purificación parcial o plena de las
almas. Por eso se llaman indulgencias parciales o plenarias. La
Iglesia otorga estas indulgencias en virtud del poder de atar y
desatar que le fue concedido por Cristo Jesús.
Las indulgencias
pueden ser ganadas por los fieles para sí mismos, o pueden
aplicarse por los difuntos. No pueden en cambio aplicarse a otra
persona viva. Para ganar indulgencias es necesario estar en estado
de gracia, tener intención de ganarla, realizar la acción
estipulada por la Iglesia y tener un corazón arrepentido.
Las indulgencias
parciales se ganan con acciones simples y cotidianas como el deber
cumplido con alegría, oraciones y obras de misericordia.
Las indulgencias plenarias se ganan con ejercicios piadosos como
la visita y adoración al Santísimo, el rezo del Rosario,
del Vía-crucis, asistir a ejercicios espirituales en cuaresma,
etc. La Iglesia continuamente informa de las ocasiones propicias
para ganar indulgencias.
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sobre las Indulgencias
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