PASTORAL LITÚRGICA

 

PASTORAL LITÚRGICA

"La Liturgia es la cumbre a la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente donde mana toda su fuerza y ninguna otra acción de la Iglesia la puede superar en eficacia y dignidad, pues se trata del ejercicio del sacerdocio único de Jesucristo. El cual, asocia perpetuamente a su esposa que es la Iglesia (Ef 5,29) (Cfr. Sacrosanctum Concilium, 7), mientras la conduce, por obra del Espíritu Santo a la eterna Jerusalén".

 

 

El orígen del término y la función litúrgica

El Magisterio de la Iglesia Los agentes de la Pastoral Litúrgica Espiritualidad Litúrgica Baluartes en la Liturgia de la Iglesia

El orígen del término y la función litúrgica
La Sagrada Escritura:


En nuestros tiempos el término liturgia se utiliza para referir el campo religioso-cultual. En sus orígenes la noción giraba en torno a sus raíces etimológicas: acción para el pueblo (pueblo "laos" y obra "ergon") se trataba de una obra o servicio a favor de la comunidad. En el siglo II a.C. en la cultura helenista empieza a tener un significado religioso-cultual.

En el Antiguo Testamento se utiliza en su traducción griega (LXX) para designar el culto hebreo oficial (levítico), de ahí que los libros en los que más se utilice sean: Éxodo, Números, Crónicas y Ezequiel. El sentido espiritual del culto referido al término Liturgia aparece en textos como Eclo 4,14.24; Dan 7,10; Sap 18,21

En el Nuevo Testamento aparece en total 15 veces, seis de ellas en la carta a los hebreos (Cfr. Heb 1,7.14). En algunas ocasiones se refiere al culto levítico ( con Zacarías en el templo de Jerusalén Lc. 1,23, e incluso en Heb 9,21 cuando se refiere a los instrumentos litúrgicos), en otras en el sentido eminentemente cristiano: El único sacrificio de Cristo (Heb 8,2.6; 10,11). Parece ser el texto de los Hechos de los apóstoles (13,2) el único pasaje en que el significado del verbo leitourgeo tiene un significado directamente con el actual.

El Magisterio de la Iglesia
La Liturgia como praxis ritual de la Iglesia

La liturgia es la cumbre a la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente donde mana toda su fuerza y ninguna otra acción de la Iglesia la puede superar en eficacia y dignidad, pues se trata del ejercicio del sacerdocio único de Jesucristo. El cual, asocia perpetuamente a su esposa que es la Iglesia (Ef 5,29) (Cfr. Sacrosanctum Concilium, 7), mientras la conduce, por obra del Espíritu Santo a la eterna Jerusalén.

Es más, en la misma acción litúrgica, pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celeste...donde Cristo está sentado a la derecha del Padre ( S.C.,8)
El vértice por el cual gira toda acción litúrgica y toda acción eclesial es el misterio pascual de Jesucristo. Aquí se realiza la redención de todo género humano y la perfecta glorificación de Dios. Es precisamente en la Eucaristía, donde se funda y se edifica la Iglesia, ya que del costado del Señor (Jn 19,34), nació el sacramento admirable de la Iglesia entera.

Pero la liturgia por siglos ha tenido que soportar un cambio dramático en su forma de ser considerada y por tanto vivida. Consideremos, pues, los tres pasos de toda acción de la gracia de Dios:
Paso 1. Dios es el que toma la iniciativa, El se comunica
Paso 2. Su Palabra sacude la conciencia de todo hombre y lo lleva a la conversión
Paso 3. El hombre libre de pecado y agradecido alaba a su Salvador y se pone a su servicio.


Sin embargo, el movimiento tradicional olvida la transformación, la conversión y se pasa directamente a la alabanza divina ¿Pero como poder glorificar a Dios sólo con los labios?. El verdadero culto es la ofrenda de sí mismos unida a la de Cristo (Rm 12,1). No se puede pasar de la catequesis a la liturgia, sin pasar por la conversión de nuestras vidas "Mi palabra no volverá a mí hasta que no haya dado fruto" (Is 55,10)

De hecho cuando se enuncian las tres ramas de la pastoral (Plan Orgánico Arquidiocesano 1995-1999), primero es la pastoral catequética, luego la pastoral litúrgica y, al final, la pastoral social. Es decir, el testimonio de la propia vida se deja para el final, como una especie de tarea. Pero no debiera ser así. No se le puede dar culto a Dios dejando la conversión como tarea (Dcto. Puebla, 352) . Esta tarea de la evangelización nos conduce a la plena conversión y comunión con Cristo. El orden debiera ser: Catequesis, social y litúrgica, a fin de que los fieles comprendan lo que significa "Antes de presentar tu ofrenda, ve y reconcíliate con tu hermano y, después ven y presenta tu ofrenda" (Mt 5,23). Porque de la forma tradicional, sólo se posterga como un futuro dejado a la conciencia personal del fiel, su propia conversión.
Finalmente, no hay una sola acción litúrgica que sea individual o privada, sino que siempre gozan de un carácter eminentemente eclesial, es decir, son acciones de toda la Iglesia, sobre todo la Eucaristía, jamás debe ser considerada como algo personal o privado de un grupo, ni mucho menos distinción entre, las hasta ahora, insuperables clases sociales. Es más siendo el obispo la cabeza visible de Jesucristo en la diócesis, se ha de tener especial atención a la vida litúrgica de la diócesis en torno a su obispo, sobre todo en la Iglesia catedral, rodeado de sus ministros y fieles.

Los agentes de la Pastoral Litúrgica

El Obispo es el liturgo por excelencia, ya que ejerce en la persona de Cristo, sumo y eterno Sacerdote. La función de santificar es inherente a la misión del obispo, ya santo Tomás de Aquino le llamaba el perfector.

Los presbíteros, indispensables colaboradores de los obispos en las tareas pastorales, son consagrados por Dios, a través del ministerio episcopal para que obren como ministros de Cristo en su oficio sacerdotal en la liturgia. De una forma especial, aquellos que han sido nombrados párrocos han adquirido una serie de obligaciones en éste ámbito.
"Esfuércese el párroco para que la Santísima Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial de fieles; trabaje para que los fieles se alimenten con la celebración piadosa de los sacramentos, de modo peculiar con la recepción frecuente de la Santísima Eucaristía y de la penitencia, procure moverles a la oración, también en el seno de las familias, y a la participación consciente y activa en la sagrada liturgia, que bajo la autoridad del obispo diocesano debe moderar el párroco en su parroquia, con la obligación de vigilar para que no se introduzcan abusos" (CIC 528,2).

Debe procurar el párroco, y todo sacerdote, formar al pueblo de Dios para que supere la idea de una santidad individualista, o de una salvación aislada. La salvación deben mostrarla no en el aislamiento sino en su forma comunitaria, teniendo como principal acontecimiento la celebración de la Santa Eucaristía, centro de toda la asamblea de los fieles.

No podemos pasar por alto en éste renglón el lugar que tiene el laico en el ejercicio de su sacerdocio común como miembro del pueblo de Dios (Cfr. I Pe 2, 4-5; 5-10). El laico es un importante agente de la pastoral litúrgica que actúa desde el ejercicio de su misma vida cristiana, la cual debe ser santa, religiosa, consagrada, caritativa, misericordiosa y apostólica.

La misión sacerdotal de los seglares, lejos de apartarlos de sus deberes en la historia, les ayuda a introducirse más en sus campos de acción a manera de fermentos de irradiación evangélica, de tal manera que su presencia venga a ser, como el alma en el cuerpo, la fuerza del Espíritu de Dios, la luz y sal cristiana mediante lo cual toda la vida humana tiene sentido y valor trascendental.

Espiritualidad Litúrgica

Posiblemente influenciados por la visión del mundo, donde el alma está encadenada a un cuerpo que la somete al pecado. Durante siglos se identificó todo lo malo con lo corporal: El cuerpo es la cárcel del alma. Esto ha provocado que los fieles se confundan pensando que lo espiritual es lo contrario a lo carnal, mundano, etc. Sin embargo Cristo con su resurrección rompió para siempre este muro entre lo sacro y lo profano, y con su encarnación nos enseñó que la santificación es posible sin desprenderse del propio cuerpo.

Así se ha considerado como mejor la espiritualidad de las monjas y monjes que, apartados de los demás, se entregan a la contemplación. O la de aquellos que se consagran por medio de votos o, son partícipes del orden sagrado. Puede ser por esto que la gente común se sienta alejada de Dios.

La Constitución sobre la Iglesia, dignifica la espiritualidad al indicar que es la forma en que cada cual, desde su propio estado de vida: soltero, casado, consagrado o viudo, entra en consonancia con la voz de Cristo (Mt 5, 48). Es decir, por espiritualidad debemos entender asimilar la propia vida a la vida de Jesucristo (Jn 13,34), santificando así los propios ambientes.
Así, la espiritualidad de un esposo, es definitivamente amar y servir a su esposa y a sus hijos como Cristo nos enseñó
( I Cor 7,7). Sus oraciones y meditaciones, hacen del esposo un hombre piadoso; pero su espiritualidad no se finca en estas cosas, sino en cumplir cabalmente su estado de vida. Y es precisamente la acción litúrgica la fuente primaria y necesaria en la que han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano. (Sacrosanctum concilium, 14)

Baluartes en la Liturgia de la Iglesia

La música para la liturgia.
La tradición musical de la Iglesia universal, constituye un valor inestimable....porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne, ya que su finalidad es la gloria de Dios y la santificación de los fieles. Por tanto, la música será más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica. De hecho, los textos deben siempre estar de acuerdo con la doctrina católica inspirados principalmente de la Sagrada Escritura y fuentes litúrgicas.

La Iglesia reconoce al canto gregoriano como el propio de la liturgia romana, los demás géneros musicales entre ellos la polifonía, no deben excluirse de las celebraciones litúrgicas con tal que correspondan al espíritu de la misma. Y en cuanto a los instrumentos musicales, el órgano de tubos es el instrumento tradicional de la Iglesia latina, sin embargo se pueden admitir otros instrumentos, siempre que sean aptos para expresar el sentido del culto cristiano.

El arte y los objetos sagrados:
El arte sacro por su naturaleza está relacionado con la infinita belleza de Dios, se dedica a Él y contribuye a su alabanza orientando a los hombres hacia Él. Por lo mismo, la Iglesia jamás ha considerado como propio un estilo artístico, sino que acercándose al carácter y condiciones de los pueblos, aceptó formas diversas para cada tiempo, creando con el curso de los tiempos un tesoro artístico. También hoy la Iglesia acepta el arte contemporáneo con tal que cumpla con la finalidad de la liturgia la gloria de Dios y la santificación del hombre.

Los clérigos deben ser instruidos mientras estudian filosofía y teología, sobre la historia y la evolución del arte sacro y sobre los sanos principios en que deben fundarse sus obras, de modo que sepan apreciar y conservar los venerables monumentos de la Iglesia y puedan orientar a los artistas en la ejecución de sus obras.

La devoción popular:
"Es la expresión cristiana del sentimiento innato del hombre de tender a la divinidad según su propia cultura. En cuanto expresa el comportamiento religioso del hombre, esta piedad popular no puede ser ignorada ni despreciada. El Papa Pablo VI describe la piedad popular como rica en valores" (Evangeli Nuntiandi, 48).

Como su nombre lo dice es popular, no institucional, por tanto, la Iglesia no puede normar a la religiosidad o devoción popular, sino más bien acompañarla y vigilar que no incurra en la superficialidad, superstición o herejía.
"Si los pastores no nos empeñamos a fondo en acompañar las expresiones de nuestra religiosidad popular purificándolas y abriéndolas a nuevas situaciones, el secularismo se impondrá más fuertemente en nuestro pueblo latinoamericano y será más difícil la inculturación del Evangelio" (Sto. Domingo, 53)

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