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Introducción
En estos sacramentos,
los que fueron ya consagrados por el Bautismo y la Confirmación
para el sacerdocio común de todos los fieles, pueden recibir
consagraciones particulares. Los que reciben el sacramento del Orden
son consagrados para "En el nombre de Cristo ser los pastores
de la Iglesia con la palabra y la gracia de Dios. Por su parte,
los cónyuges cristianos, son fortalecidos y como consagrados
para los deberes y dignidad por este sacramento especial".
El
hecho del Sacramento del Orden
La palabra "Ordinatio"
= ordenación, se utilizaba en el Imperio romano para designar
la entrada en el escalafón de los funcionarios imperiales.
A partir de este momento el funcionario pertenecía a un orden
diferente del resto del pueblo.
A partir del siglo tercero se comenzó a utilizar en algunos
lugares esta expresión para designar una dignidad o estado
en la Iglesia. Esta denominación se extendería a toda
la Iglesia con el paso del tiempo, dando nombre al sacramento por
el que son constituidos: Obispos, Presbíteros y Diáconos
ciertos cristianos.
Una referencia
válida que explica la existencia de unos ministerios ordenados
concretos dentro de la comunidad cristiana, la encontramos en Mc
3, 13-19. En este texto Jesús elige de forma solemne, "designó"
a Doce de entre sus discípulos para que "fueran sus
compañeros y para enviarlos a predicar con poder de expulsar
los demonios". Así se crea, se constituye el grupo de
los Doce, decisivo en el cristianismo.
Esto resulta tan evidente que, con el fin de suplantar a Judas y
restituir el número, se incorpora Matías como sustituto.
(Hch 1,15-26)
Las denominaciones
varían ampliamente según las diversas comunidades,
por lo que podemos encontrar Apóstoles, Profetas, Doctores
( 1Cor 12,28; Ef 2,20; 3,5; 4,11), Presbíteros (Hch 11,30;
14,22); Diáconos ( 1 Tim 3,8-13; Flp 1,1), Pastores (Ef 4,11;
1 Pe 5, 2-4) etc.
Todos estos
términos no designan una misma función, pero podríamos
afirmar que, de diferentes maneras, todas ellas tienen una orientación
hacia la predicación del Evangelio y la edificación
y santificación de la Iglesia.
La comunidad
cristiana, en su liturgia, ve al sacerdocio y los sacerdotes del
Antiguo Testamento como prefiguraciones que encuentran su cumplimiento
en Cristo Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, que incorpora a
su Único sacerdocio a los Apóstoles y sus sucesores
sacerdotes.
Durante los
siglos II y III se va a dar una consolidación de nombre y
contenidos del ministerio apostólico bajo las denominaciones
de: Diácono, Presbítero y Obispo, configurándose
como ministerio de santificación, gobierno y enseñanza
en la comunidad cristiana.
Esta situación
se verá perturbada en los siglos venideros debido al cambio
de situación que se opera en el Imperio: La Iglesia de ser
perseguida, pasa a ser religión oficial y sus ministros devienen
personajes importantes cuya responsabilidad y autoridad comienza
a desbordar los límites eclesiales.
La Reforma protestante va a arremeter contra esta situación,
afirmando que no hay más sacerdote que Cristo, quedando todo
cristiano constituido sacerdote por la fe y el bautismo. Lutero
declara que por ello no podía considerarse el Orden como
sacramento y sólo reconoce como ministerio el de la predicación.
El Concilio
de Trento 1545, por el contrario, reafirma y declara que "El
Sacramento del Orden es un sacramento instituido por Cristo, que
comunica poder y gracia y no puede entenderse sólo con relación
al ministerio de predicar el Evangelio".
Sentido
del Sacramento del Orden
El Concilio
Vaticano II afirma la común dignidad y la igualdad fundamental
de todos los miembros del Pueblo de Dios, junto con la existencia
de diferentes servicios y ministerios para el bien común
de todos los bautizados. ( Cf. LG 9, 10, 18).
Entre estos
servicios y ministerios existe uno llamado Ministerio Ordenado,
que no se sitúa aparte ni por encima del Pueblo de Dios,
sino dentro y al frente de él. Quienes lo reciben en el Sacramento
del Orden, participan de la autoridad y misión de Cristo
Sacerdote, Cabeza y Pastor de la Iglesia, para que puedan servir
a todo el Pueblo de Dios. (LG 18)
Notas que
caracterizan el ministerio ordenado:
· El
Sacramento del Orden es una incorporación al ministerio apostólico,
por lo que su misión entra en relación con la misión
de Cristo y los Apóstoles tanto en los tipos de actividad
que desarrolla como en la apostolicidad del marco geográfico
al que está dirigido.
· Los cristianos que reciben el sacramento del Orden quedan
configurados para siempre a Cristo Cabeza, Pastor y Servidor de
su Iglesia, con el fin de enseñar, santificar, guiar y servir,
en nombre suyo, al Pueblo de Dios, cada uno según el grado
del orden recibido.
· El Espíritu Santo es el agente principal de la ordenación,
siendo la fuente de donde brota el carisma ministerial de enseñanza,
santificación y dirección. Mediante el gesto de la
imposición de manos se significa que los ministros ejercen
su misión en el Espíritu de Jesús.
· Dios suscita los ministerios en la comunidad y para la
comunidad ( 1 Cor 12,7: 14, 3-12; Ef 4,12): Por eso, desde el Nuevo
Testamento los ministerios no se conciben sin la comunidad.
· El ministerio a lo largo de todo el Nuevo Testamento se
concibe como un servicio. Tomando como punto de apoyo (Mt 20, 20-28),
la Iglesia apostólica y los Padres de la Iglesia hablan de
los responsables y sus funciones utilizando el término "diakonía".
Esta palabra significa servir a la mesa, acción que era desarrollada
habitualmente por los esclavos. La acción diaconal de los
ministros se concreta en el servicio a la palabra, en el servicio
de la unidad y en el servicio a las mesas o caridad.
· El ministerio ordenado es colegial, es decir, que por el
sacramento del Orden quien lo recibe para formar parte de un colegio
que está formado por quienes lo recibieron con anterioridad.
· El signo de la transmisión de los ministerios ordenados
es desde la época de apostólica la imposición
de manos junto con la oración (Hch 6,6; 13,3; 1 Tim 4,14)
· Lo mismo que en el Bautismo y la Confirmación, la
participación en el ministerio de Jesucristo se otorga de
una vez para siempre. Por este motivo, el sacramento del Orden imprime
un carácter imborrable y no puede repetirse. (LG 21)
Cristo que fue enviado por el Padre para la redención del
mundo (Mt 20,26) y para ello le dotó de todo poder en el
cielo y en la tierra (Mt 28,18), llama a los apóstoles y
les participa su misión "Así como el Padre me
envió a mí, así yo los envío a ustedes"
(Jn 20,21). A ellos les toca ser "Servidores de Cristo y encargados
suyos para administrar las obras misteriosas de Dios" (1 Cor
4,1). Su misión es:
- Predicar
el Evangelio (Hch 6, 2-4; Rom 15,16)
Dirigir el culto de la comunidad cristiana (Hch 6.4; 13, 1-3)
Ofrecer el sacrificio (Lc 22,19; 1 Cor 11,25)
Perdonar los pecados ( Mt 18,18; Jn 20,22ss)
Comunicar el Espíritu por la imposición de manos
( Hch 8, 15-18; 19,6)
Ungir a los enfermos orando por ellos ( Stg. 5,14).
Grados
del sacerdocio
Desde los orígenes,
el Ministerio Ordenado fue conferido y ejercido en tres grados,
insustituibles para la estructura orgánica de la Iglesia,
sin ellos no se puede hablar de Iglesia:
Los Obispos.
Son los transmisores de la semilla apostólica. Tienen la
plenitud del sacramento del Orden, están incorporados al
Colegio Episcopal. En cuanto sucesores de los apóstoles y
miembros el Colegio Episcopal, participan en la responsabilidad
apostólica y en la misión de toda la Iglesia, enseñan
y gobiernan bajo la autoridad del Papa, sucesor de San Pedro y cabeza
visible de la Iglesia.
Los Presbíteros.
Están unidos a los obispos en la dignidad sacerdotal y al
mismo tiempo dependen de ellos en el ejercicio de sus funciones
pastorales. Son llamados a ser cooperadores diligentes de los obispos,
forman en torno a su obispo el Presbiterio que asume con él
la responsabilidad de la Iglesia particular. Reciben del obispo
el cuidado de una comunidad parroquial o de una función eclesial
determinada.
Los Diáconos.
Son ministros ordenados para las tareas de servicio de la Iglesia,
no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación
les confiere funciones importantes en el Ministerio de la Palabra,
del culto divino, del Gobierno Pastoral y del servicio de la caridad,
tareas que deben cumplir bajo la autoridad pastoral de su obispo.
La
celebración del Sacramento del Orden
Solamente los
Obispos válidamente ordenados pueden administrar el Sacramento
del Orden y sólo el varón bautizado lo puede recibir
válidamente.
En la celebración
de este sacramento podemos encontrar tres partes:
La preparación.
Que está integrada por la llamada a los candidatos, presentación
al Obispo, elección y alocución del Obispo, un pequeño
diálogo y las letanías de los Santos.
La Imposición
de manos y oración consacratoria. Que es el momento central
del sacramento.
El gesto de
la imposición de manos conlleva en toda la tradición
bíblica (Núm 27, 15-23; Dt 34,9; 1 Tim 4,14; 2 Tim
2,6) la idea de la transmisión de un oficio.
En la consagración episcopal, son todos los obispos presentes
(al menos tres) quienes impondrán las manos al candidato;
acto seguido se pondrá sobre su cabeza el libro abierto de
los Evangelios.
En la ordenación Presbiteral, los Presbíteros presentes
imponen las manos como gesto de acogida al nuevo ordenado, pero
es la imposición de manos del Obispo el signo que hace efectiva
la ordenación.
Para terminar
el rito, se han ido introduciendo a lo largo de la historia diferentes
acciones explicativas del ministerio que va a ejercerse:
Al Obispo se
le otorgan el báculo y se le impone un anillo episcopal,
también recibe el libro de los evangelios y se sienta en
la cátedra, ungiéndosele la cabeza.
Los Presbíteros
reciben la patena y el cáliz, se les ungen las manos y se
les coloca la estola y la casulla.
A los Diáconos
se les entrega el libro de los evangelios, imponiéndoles
la estola cruzada por el pecho y la dalmática.
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