LA LITURGIA CRISTIANA

La celebración es un elemento fundamental en la vida del hombre. Continuamente expresamos nuestros sentimientos con gestos, símbolos y ritos. En algunas ocasiones de la vida, la celebración reviste una solemnidad especial. También los hombres religiosos de todos los tempos han celebrado su fe con múltiples expresiones, para dar sentido profundo a su vida. Esta acción celebrativa se llama liturgia.

 

La Liturgia, celebra la fe

La Liturgia realiza y continua la obra sacerdotal de Cristo La Liturgia es acción de la Iglesia y en la Iglesia La Liturgia se expresa a través de signos. Los sacramentos cristianos
La Oración Cristiana El Año Litúrgico Los tiempos del Año Litúrgico    

La Liturgia, celebra la fe

Todas las religiones de la tierra tienen su patrimonio litúrgico. En todas se celebra la fe mediante ritos, como expresión del sentimiento religioso vivido y celebrado en comunión con otros hombres. Las religiones naturales, por ejemplo, celebran en su culto la grandeza del cosmos, los ciclos de la naturaleza, la pequeñez del hombre ante la bóveda del cielo, etc. Los ritos, en los que se desarrolla el culto de estas religiones, expresan los sentimientos religiosos de gozo, estupor o dependencia que estas realidades naturales provocan en los hombres.

La religión judía también celebra su fe, pero con un matiz muy peculiar. No celebra como otras religiones, la manifestación divina en las realidades y acontecimientos de la naturaleza. Para Israel su culto tiene una referencia histórica. Celebra los grandes acontecimientos de su historia viendo en ellos la intervención salvadora de Dios. Una intervención salvífica que se actualiza en la celebración presente del acontecimiento pasado, transformándose así de recuerdo en "memorial"

Memorial:
Es aquella que hace referencia a un acontecimiento histórico pasado, lo actualiza en el presente y lo orienta hacia una realización plena en el futuro. Por ello la Pascua judía (celebración religiosa más significativa de los judíos) es memorial de un acontecimiento sucedido en el pasado, pero que se realiza en la actualidad de la celebración: no sólo fueron liberados los hebreos que salieron de Egipto, sino que Dios libera constantemente a los que celebran la Pascua aguardando al Mesías esperado.

Los escritos del Nuevo Testamento nos presentan a las primeras comunidades reunidas celebrando su experiencia de encuentro con Jesucristo resucitado. Como nos cuenta Hch 2, 42-45, en sus asambleas los cristianos escuchan las enseñanzas de los Apóstoles, parten el pan, comparten los bienes y elevan a Dios súplicas y oraciones.

Estas asambleas comunitarias se repiten donde quiera que surge un grupo de creyentes en Jesús Resucitado. Antioquia (Hch 13, 2-3), Tróada (Hch 20,7), etc. En todas ellas se celebra la presencia de Cristo entre los suyos, otorgándoles la victoria sobre todo mal, dolor y muerte, mediante la vida de la Resurrección.

Con el transcurso del tiempo, estas reuniones han mantenido su sentido fundamental, aun cuando algunas formas se han modificado. Estos encuentros celebrativos de la comunidad cristiana, en los que se agradece a Dios la salvación otorgada en Cristo, son los que constituyen la Liturgia.

La Liturgia realiza y continua la obra sacerdotal de Cristo

La liturgia cristiana es continuación y actualización del culto perfecto que Jesucristo tributó al Padre. Un culto que no se limita a un conjunto de acciones piadosas, sino que es un ofrecimiento radical de todo lo que es su vida.

Jesús convierte toda su existencia en ofrenda, sacrificio, acción sagrada, al unir su voluntad a la voluntad de su Padre del cielo. Por esto, podemos afirmar que en la persona de Jesucristo se unen de manera singular el sacerdocio y la víctima, el mediador y la ofrenda.

La comunidad cristiana reconoce a Jesucristo como el único y eterno sacerdote que ofrece como sacrificio su cuerpo entregado y su sangre derramada, y cuya oblación total se actualiza en la liturgia de la Iglesia.

La Liturgia es acción de la Iglesia y en la Iglesia

La entrega incondicional y absoluta de Jesús culmina en la Resurrección; por ella el Padre acepta la vida ofrecida de su Hijo y le glorifica por encima de todo poder y reino. La Iglesia cuerpo de Cristo, participa de la victoria de su Cabeza; el Hijo comunica al nuevo pueblo de Dios su propia vida, por medio del Espíritu Santo.

De esta manera, toda la vida de la Iglesia se transforma por medio de Cristo en ofrenda, en culto. Los miembros de la comunidad cristiana, por el bautismo se integran en el pueblo sacerdotal, participando así del sacerdocio de Cristo y ofreciendo por Él, con Él y en Él su propia vida al Padre.

El culto cristiano, pues, no queda reducido a un entramado de actos litúrgicos, sino que abarca toda la vida de la Iglesia que, en Cristo se ofrece al Padre, fin de la liturgia y que se expresa a través de los símbolos litúrgicos.

La Liturgia se expresa a través de signos.

La liturgia cristiana se expresa por medio de un conjunto de signos-simbólicos con diferentes naturalezas y significados: personas, gestos, objetos, lugares, tiempos, etc. Estos signos- simbólicos expresan la presencia de Dios en la vida del hombre, así como la respuesta que éste da a la acción de Dios en su vida. Son mediaciones del encuentro de Dios con el hombre y del hombre con Dios, por Cristo en el Espíritu.

Qué es un signo:
Las personas expresamos a través de signos nuestros sentimientos: lloramos cuando estamos tristes, sonreímos para expresar la alegría, abrazamos para mostrar el cariño, etc. Muchos signos surgen de la convención o el acuerdo entre las personas: los colores que identifican la bandera de una nación, el logotipo de una empresa, señales de circulación...

Otros signos tienen en su misma naturaleza una referencia a otra realidad, sentimiento o experiencia: el agua evoca limpieza, vida, anegamiento.... A estos últimos les llamamos símbolos.

Significado de símbolo: Todo gesto acción humana o realidad que expresa y hace presente una experiencia profunda, un sentimiento, una situación. Su especificidad hace que todo símbolo tenga las siguientes características:

Los signos de la liturgia pertenecen a la categoría de símbolos, pues nos hacen participar de la salvación realizada en Jesucristo.

No son simples actos mágicos, sino que su celebración carece de sentido cuando no se experimenta en la existencia personal y comunitaria la salvación otorgada por Jesucristo a todos los hombres y que es hecha presenta actualmente por la Iglesia.

Estos símbolos que expresan la vida cristiana tienen cuatro cualidades fundamentales:

  • Hacen presente el amor inquebrantable de Dios, que se manifiesta de forma salvadora en la historia de los hombres
  • Son memorial de Jesús de Nazaret, el Cristo, de sushechos y palabras, a través de quien el Absoluto se hizo "Dios con nosotros"
  • Son primicias del Espíritu, anticipo de la plenitud que nos aguarda, hecha presenta en la glorificación de Jesús de Nazaret
  • Son acciones de la Iglesia que conducen a cada cristiana y a toda comunidad a ser coherentes con lo que celebran, tratando de vivir las actitudes del Reino.

Los sacramentos cristianos

El término sacramento ha tenido, en el transcurso de la historia de la Iglesia, diferentes acepciones. Esto hace que se haya convertido en un término equívoco que conviene precisar con cuidad. En general, en un sentido amplio, podemos decir que sacramento incluye toda realidad visible por la que Dios comunica su vida, que es salvación, a los hombres.

Cristo, Sacramento del Padre
Conviene recordar que el término sacramento (sacramentum en latín) es la traducción de la palabra griega mysterion (misterio). San Pablo emplea este término griego para designar el proyecto salvador de Dios. Un proyecto que va a realizarse primordialmente a través de Cristo, y cuyo desarrollo se mantuvo oculto en Dios durante largo tiempo (Col 2, 2-3,25)

Toda la acción de Dios para salvar a los hombres llega a su culminación cuando el hijo es rechazado y hecho pecado y maldición en el árbol de la cruz. A través de esta muerte, el Padre otorga a su Hijo la vida, y por él, con él y en él, comunica la salvación a todo el género humano.

El momento final será la restauración definitiva del universo, la nueva Creación en la que Cristo someterá todo a los pies del Padre, una vez aniquilada la muerte.

"En Cristo, el Dios invisible e inaccesible se hace cercano "El que me ve a mí, está viendo al Padre" (Jn 14,9); es la única realidad que expresa cabalmente lo que Dios es (Jn 1,18) y la que asume en plenitud la experiencia que de Dios puede tener el hombre. De ahí que podamos afirmar que Jesucristo es el sacramento por excelencia, el sacramento primordial, del que beben todas las demás realidades sacramentales"

La Iglesia, Sacramento de Cristo
Cuando Jesús pasa de este mundo al Padre, se hace necesario otro lugar de encuentro con Dios, donde el hombre pueda participar de su salvación. Ese lugar lo va a ocupar la comunidad, el grupo de los que creen en Él (Jn 17, 18-19). Él se irá, pero nos enviará su Espíritu (Jn 16,7ss) que nos lo hará presente hasta el final de los tiempos (Mt 28,20).

En el espacio de tiempo comprendido entre la ausencia física de Jesús y su venida al final de los tiempos, la Iglesia continúa haciendo presente entre los hombres la acción salvífica de Dios en Cristo. La Iglesia cuerpo de Cristo a quien alcanza en su totalidad la vida divina: todos los bautizados y los que participamos en la misma mesa somos miembros de un cuerpo cuya cabeza es Cristo.

La Iglesia es, por lo tanto, la presencia salvífica de Cristo en la historia, la comunidad escatológica de la salvación. Así se auto comprendió en sus comienzos, como aparece a lo largo del libro de los Hechos de los apóstoles. Y por eso, el Concilio Vaticano II la describe como sacramento o signo. Hasta que Jesús vuelva, la Iglesia es, en el mundo, Sacramento Universal de Salvación.

Esto hace que lo visible de la Iglesia, es decir, sus estructuras, sus instituciones, su palabra, su presencia en el mundo, etc. ha de transparentar la vida de la que es portadora.
Todo sacramento debe ser comprendido desde la sacramentalidad de la Iglesia. Si la Iglesia es esencialmente un pueblo unido, una comunidad de creyentes, todo sacramento tiene una dimensión comunitaria y su celebración ha de significar una experiencia comunitaria.

Los sacramentos de la Iglesia son acciones simbólicas del acontecimiento salvador de Jesucristo: Él, que es sacramento del Padre, comunica a la Iglesia su propia vida en el Espíritu, convirtiéndola en sacramento suyo en la historia.

Los siete Sacramentos de la Iglesia
Jesús anuncia con palabras y gestos la llegada del Reino de Dios, y así algunas mujeres y hombres de su tiempo perciben en Él al Mesías prometido, al Ungido de Dios que trae la salvación a todos los pueblos.

Los gestos y palabras de Jesús persisten en los sacramentos que la Iglesia celebra y con los que se nutre y alimenta. Estos siete sacramentos fueron instituidos por Cristo y son: Bautismo, confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio.
Los siete sacramentos corresponden a todas las etapas y todos los momentos importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos. Hay aquí una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual.

La Oración Cristiana

La oración es un fenómeno que aparece en todas las religiones; en ella se expresa de una forma clara la conciencia que tiene el hombre de limitación y finitud y de dependencia del Absoluto. Aunque la oración bien puede surgir desde el sentimiento de temor, ansiedad ante un peligro, o deseo de alcanzar determinado bien material, sería reduccionista encuadrar en esta perspectiva toda la oración no cristiana. Por el contrario, parece honesto señalar que toda actitud orante conlleva un deseo de unión con el Absoluto, un deseo de comunión con la divinidad a la que el ser humano se siente remitido.

Israel podría definirse con la expresión, ya clásica, de ser "un pueblo que sabía orar". Esta profunda experiencia orante se refleja de manera singular en los salmos y en los diferentes cánticos e himnos que aparecen en la Biblia.

Jesús nació en el seno de este pueblo y bebió de su tradición orante. Al leer con atención el Nuevo Testamento descubrimos con sorpresa cómo los cánticos y expresiones de las primeras comunidades cristianas evocan la oración y las expresiones del Antiguo Testamento.

Los Evangelios presentan a Jesús como el orante por excelencia, que enseña a sus discípulos a orar con perseverancia, humildad y constancia, en lo oculto, confiadamente, al Padre. Culmen de esta enseñanza de Jesús y culminación también de la oración del Antiguo Testamento, es el Padre Nuestro, en el que se marca la profunda relación que el cristiano tiene con el Absoluto a quien se dirige como Padre.

Los cristianos cuando se reúnen en oración, tienen conciencia de que no es su corazón o sus deseos, su propio interior, el que se dirige a Dios, sino que es el mismo Espíritu de Jesús quien realiza en medio de ellos el milagro de la oración.

Fuentes de la oración
La fuente principal de la oración cristiana es la Biblia. En ella se contiene la Palabra de Dios, de la que los cristianos se alimentan por una lectura asidua y continuada, La Palabra de Dios habla al corazón de cada cristiano y cada comunidad, interpelando y provocando una actitud de respuesta.

En la Biblia existen diferentes textos oracionales; de entre ellos debemos destacar los salmos y el Padre Nuestro:

  • Los salmos: compuestos por fieles israelitas inspirados por Dios, son la expresión de una oración, unas veces personal y otras comunitaria, que brota de la experiencia de Dios del Pueblo de Israel. Los salmos expresan los sentimientos del hombre que se dirige a Dios con angustia, arrepentimiento, confianza, gozo, etc. en circunstancias fundamentales de su vida, expresando sus actitudes básicas ante Dios (adoración, súplica, acción de gracias...)
  • Padre Nuestro: es la cima de la oración bíblica. Profundamente ligada a ella y desde ella, Jesús enseña la oración del Padre Nuestro a sus discípulos. En ella se concreta lo mejor de la experiencia cristiana, siendo oración normativa para todas la Iglesia.

Modalidades de oración
La oración cristiana se puede realizar, fundamentalmente de dos maneras: en privado y públicamente. Es preciso señalar que en ambas modalidades se salvaguarda el ámbito comunitario, ya que nunca un cristiano ora solo, sino en el seno de la comunidad cristiana.

La oración privada e individual que el cristiano eleva a Dios en el campo o en la calle, cuando trabaja o descansa, en el templo o en su habitación, es una oración hecha a Dios por Jesucristo, impulsado por el Espíritu, como miembro vivo de la Iglesia.

Los cristianos comenzaron muy pronto a orar juntos a Dios en comunidad. La expresión más importante de esta oración pública y litúrgica es la Liturgia de las Horas. A través de ella, la iglesia se dirige a dios todos los días, en su inicio, alabando a Dios(Laudes) y cuando termina (Vísperas), dándole gracias.

Liturgia de las Horas: (antes llamada Oficio Divino o Brevario), es una celebración litúrgica que se realiza en diversos momentos de la jornada, destacando por su importancia las Laudes y las Vísperas, oraciones de la mañana y de la tarde respectivamente. Su estructura es como sigue:

  • Se canta un himno
  • La salmodia: compuesta por dos salmos y un cántico (del Antiguo Testamento por la mañana, y del Nuevo por la tarde.
  • Lectura breve de la Palabra de Dios
  • Cántico evangélico: en Laudes, el cántico de Zacarías (Lc 1, 67-79), en Vísperas, el Magnificat (Lc 1, 46-55)
  • Preces, Padre Nuestro y oración.

La oración litúrgica es considerada como la oración de la Iglesia, realizada en nombre de la Iglesia y con la Iglesia.

Actitudes de la oración
A la oración cristiana la identifican las siguientes actitudes:

  • Escucha de la Palabra de Dios: Dios inicia el diálogo con el hombre. Lo establece, revelando su ser y dando sentido a la historia. Por ello es preciso que el ser humano acoja la Palabra que Dios le ofrece y responda en consecuencia. No tiene sentido dirigir a Dios nuestra oración sin haber escuchado antes su palabra.
  • Agradecimiento y adoración. Actitud de agradecimiento y adoración por todo lo que Dios es y realiza. Esto se descubre a la luz de su Palabra, provocando un sentimiento de alegría y libertad que se plasma en la adoración extasiada y agradecida.
  • Súplica: El ser humano se dirige a Dios suplicando, pidiendo, invocando. Aquí sigue el ejemplo de Jesús que suplica a Dios en la angustia y propone que sus discípulos pidan con confianza al Padre del cielo.
  • Arrepentimiento y ofrecimiento: actitud de arrepentimiento y de ofrecimiento que supone la condición pecadora del orante y su deseo de transformación. Por eso, desde los salmos e invocaciones de perdón ("Señor ten piedad") resalta la santidad divina y la propia fragilidad. Al tiempo, ofrece su vida para que en ella se realice la voluntad de Dios, actitud que se expresa verbalmente a través del Amén (ciertamente, con toda seguridad)
  • Intercesión: La intercesión u oración por los otros, es otra actitud presente en la oración cristiana. La súplica por los otros hace de la comunidad en oración sacramento de la humanidad y la compromete en relación con las personas y situaciones por las que intercede.

El Año Litúrgico

Cada día es para el cristiano motivo de fiesta ya que en él se realiza la liberación obtenida por Jesucristo, sin embargo, los seres humanos estamos sujetos al espacio y al tiempo y precisamos momentos privilegiados que nos hagan apreciar el valor profundo de la existencia cotidiana. Aquí se encuentra la razón de ser del año litúrgico.

"Mediante el año litúrgico, la Iglesia quiere que cada cristiano, personalmente, y toda la comunidad, eclesialmente, vayan penetrando lenta, constantemente en los diferentes aspectos del Misterio Pascual de Cristo."

Para el Vaticano II, el Misterio Pascual ocupa el centro del año litúrgico cristiano, y el domingo, como celebración semanal de la Pascua, es la fiesta primordial.

El año litúrgico tiene un valor pedagógico indudable en la medida que permite penetrar sucesivamente en los diferentes aspectos de la salvación cristiana. Sin embargo, tampoco puede negarse que es difícil que su presencia sea asumida en las comunidades cristianas en medio de un cierto ambiente secularista.

Por todo esto, parece importante recuperar el año litúrgico mediante una mayor incorporación de toda la comunidad cristiana a su celebración a través de momentos que sean subrayados; por ejemplo, celebraciones comunitarias de la penitencia tanto en Adviento como en Cuaresma, vigilias que subrayen Pentecostés, o el cuidado y preparación de las celebraciones pascuales o navideñas.

Así mismo, cada vez parece más necesario vincular la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) a los tiempos litúrgicos de Cuaresma (preparación) y Pascua (celebración).

Los tiempos del Año Litúrgico

El tiempo de Adviento:
Cubre las cuatro semanas que preceden a la celebración de la Navidad. El adviento contiene un mensaje de esperanza en el Señor que viene, así como una llamada a la vigilancia para ir acogiendo el Reino de Dios en nuestra vida, en la espera de su plenitud escatológica. El color litúrgico es el morado.

El tiempo de Navidad:
Se extiende desde el 25 de diciembre (Nacimiento del Señor) hasta el domingo después del 6 de enero, día en que se celebra la fiesta del Bautismo del Señor. El 6 de enero se celebra la solemnidad de la Epifanía. Tanto la Navidad como la Epifanía conmemoran el acercamiento decisivo de Dios a los hombres en Jesús, el Emmanuel (Dios con nosotros). A lo largo de este tiempo el color litúrgico es el blanco.

El tiempo de Cuaresma.
Prepara la celebración de la Pascua de Resurrección. Comienza el Miércoles de Ceniza y termina en el Triduo Pascual. Es un período de purificación y rectificación de la conducta que ha de vivirse desde una perspectiva bautismal y un objetivo penitencial. El morado es el color predominante, aunque el rojo se emplea en el Domingo de Ramos.

El Triduo Pascual
Es la culminación de todo el año litúrgico. Comienza con la Misa vespertina de Jueves Santo, en que se conmemora la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio en la Ultima Cena de Jesús. Su color es el blanco. El Viernes Santo, la Iglesia celebra la pasión y muerte del Señor; el color litúrgico es el rojo. Tras la meditación de estos misterios el Sábado Santo junto al sepulcro de Jesús, la Iglesia concluye el Triduo Pascual en la Noche Santa del sábado al domingo, con la celebración de la Vigilia Pascual y la solemnidad del domingo de Resurrección. La alegría del triunfo de Cristo se expresa con el color blanco.

El tiempo de Pascua.
Es el período de cincuenta días que se inicia con la Octava de Pascua y termina el domingo de Pentecostés, que conmemora el envío del Espíritu Santo a la Iglesia. Desde antiguo, los cristianos celebraron estos cincuenta días como si fuera un gran domingo. Se caracteriza por el color blanco de los vestidos litúrgicos y por la presencia del cirio pascual encendido en todas las celebraciones. En el domingo de Pentecostés el color litúrgico es el rojo.

El tiempo ordinario:
Cubre el resto del año litúrgico y es el período mas largo del mismo. Las semanas de este tiempo se orientan, sobre todo, a la celebración del domingo. La celebración dominical del Resucitado sirve al cristiano para hacerse cargo de que el Señor está con su iglesia siempre hasta el fin de los tiempos. En el último domingo de este tiempo tiene lugar la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. A lo largo de este tiempo, el color que predomina es el verde.

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