Causas humanas de su muerte.
Jesús de Nazaret
es Dios pero también es hombre, "vivió
como hombre semejante en todo a nosotros, menos en el pecado"
y, como hombre estuvo inmerso en una sociedad con costumbres, tradiciones
y leyes. Jesús era muy diferente a lo que sus contemporáneos esperaban
de un salvador y mucho menos de un rey. żIr de pueblo en pueblo,
servir, condolerse del dolor de otros, perdonar, comer con pecadores?,
ˇmorir en una Cruz! żSon actitudes propias de un rey, de un salvador,
del Mesías esperado? Ciertamente sus actos, sus palabras inquietaban,
incluso a veces, escandalizaban.
La pasión y muerte de Jesús fue el resultado del conflicto que provocó
su vida. Por un lado, el conflicto con las masas ante su actitud
de perdonar a publicanos y pecadores y hacerlos sus amigos y, por
otro, su enfrentamiento con los dirigentes y autoridades judías
al acusarlos de haber convertido el templo de Dios en cueva de bandidos
(Mt 21,13ss), al llamarlos en público asesinos y malvados (Mt 21,
33-46). La muerte de Jesús en la Cruz fue el resultado final de
una vida entregada por la causa del Reino de Dios.
A Jesús se le hizo un juicio doble: el religioso y el civil, en
cada uno se dio una razón distinta de la condena. En el juicio religioso
se le acusó de blasfemia al declarar que él era el Mesías (Mc 14,
61ss), pero el fondo del problema era otro, al decir estas palabras
Jesús estaba afirmando que Dios estaba de su parte, le daba la razón
a él y se la quitaba a ellos; se le acusó de falso profeta e incluso
de hechicería.
Respecto al juicio político, a juzgar por el letrero de la cruz,
sabemos que a Jesús lo condenaron oficialmente por haberse proclamado
rey de los judíos (Mt 27,38), aunque en realidad el procurador romano
dio la sentencia de muerte porque los dirigentes religiosos lo amenazaron
de denunciarlo al emperador por proteger a un "sedicioso" (Jn 19,12).
Humanamente, estas son las causas de la muerte de Jesús: su vida
siempre de acuerdo a la voluntad del Padre, de parte de los pobres,
oprimidos y desprotegidos, esto desde luego, amenaza el "bienestar"
de los poderosos. Pero, al mismo tiempo, quien se pronuncia a favor
de la justicia, rescata al hombre de la más cruel de las realidades:
el pecado. La misión del Hijo de Dios no es sólo quitar los males,
sino arrancar de raíz lo que los origina, es decir, el pecado.
Causas
teológicas de su muerte.
Estas son las causas teológicas de la muerte de Jesús, las que sólo
se aceptan por la fe:
-
Muerto
por nuestros pecados
El pecado nos impide experimentar el amor de Dios, nos aleja
de Él. Los hombres en el Antiguo Testamento estaban conscientes
de la necesidad de expiar sus pecados por medio de algún sacrificio,
pero nada había sido suficiente, la única solución era Jesús,
cuyo nombre significa "Dios salva". Nuestros pecados han sido
perdonados gracias al sacrificio de Cristo que le pide al Padre
en la cruz: "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen"
(Lc 23,33). El Padre al ver tanto amor de su Hijo por nosotros,
cancela nuestra deuda. Por tanto, ya estamos en paz con Él (Col
2,13-14). Además, Jesús no solo borra nuestro pecado, sino que
nos capacita para ya no pecar más, con el testimonio de su vida,
con su doctrina, con su gracia. En la cruz de Jesús, murió todo
lo que no nos dejaba vivir como hijos de Dios y por su sangre
preciosa, fuimos rescatados, lavados y purificados. Él soportó
el castigo que nos trae la paz y por sus heridas fuimos liberados.
-
Jesús
el Mediador
El Padre nos salva por la mediación única de Jesucristo (1Tim
2,1-5). Su mediación supera la de cualquier otro, como hombre,
Jesús es el único unido indisolublemente a la divinidad, y por
ello, el único que, como Dios y hombre, puede ser "puente" entre
Dios y los hombres. Jesús es el mediador de la Nueva Alianza,
con su sangre sella este pacto con Dios. En la institución de
la Eucaristía, presenta el vino (su sangre) como la sangre de
la Alianza nueva y definitiva (1Cor 11,25), sangre derramada
en expiación por los pecados de los hombres (Mt 26,28; Lc 22,20)
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Jesús
el Redentor
Jesús vivió su muerte en una actitud de obediencia y fidelidad
total al Padre y de amor y perdón a los hombres. La muerte que
era la manifestación suprema del pecado, se ha convertido en
la manifestación suprema de amor y reconciliación entre Dios
y el hombre. La muerte de Jesús no fue fruto del azar, sino
que pertenece al misterio del designio de Dios (Hch 2,23) más
no significa que los que entregaron a Jesús son sólo ejecutores
pasivos de un drama escrito de antemano por Dios. El designo
eterno de Dios incluye la respuesta libre de cada hombre a su
gracia. (Hch 4, 27-28). Dios permitió los actos nacidos de la
ceguera del hombre para realizar su designio de salvación.
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