REFLEXIONES CUARESMALES
LA EUCARISTÍA Luz y vida del Nuevo Milenio

 

 

EUCARISTÍA Y COMUNIDAD DIOCESANA

“La Eucaristía es tan perfecta, que conduce a la cúspide de todos los bienes, en ella culmina todo deseo humano, porque aquí llegamos a Dios” (EE, 34)

 

 

Objetivo

Nuestra realidad

Iluminación doctrinal

Compromiso personal y comunitario

Tercera Parte

Objetivo

Descubrir la influencia de la Eucaristía, en el quehacer de la Iglesia Diocesana, reflejada en la persona del Obispo.

Nuestra realidad.   

El Sínodo de los Obispos reconoció que la idea central y fundamental de los documentos del Concilio Vaticano II es: “La eclesiología de comunión”

El Sacramento de la Eucaristía expresa este vínculo de comunión, sea en la dimensión “invisible” que, en Cristo y por la acción del Espíritu Santo, nos une con el Padre. Y sea a través de la dimensión “visible” que se da entre nosotros y que implica la comunión en la doctrina de los Apóstoles, en los Sacramentos y en el Orden Jerárquico.

La iglesia, con el Obispo diocesano a la cabeza, está llamada a mantener y promover tanto la comunión con Dios como la comunión entre los fieles.
La Iglesia Diocesana cuenta con la Palabra de Dios y los Sacramentos y sobre todo con la Eucaristía, por la cual “vive y se desarrolla sin cesar”. No nos debe de extrañar que el término “Comunión” sea uno de los nombres específicos de este sublime sacramento.

Así, hablando de una porción del pueblo de Dios como es la Diócesis, su característica principal será la “Comunión” o “común unión”, para descubrirse como un solo cuerpo, unido e integrado, organizado y fiel; pero esta comunión no se logrará sino con la presencia de Dios en su pueblo que se adquiere y se expresa en la Eucaristía. Así entonces podemos decir que la Eucaristía lleva a perfección la comunión con Dios Único y Trinitario.

Que difícil será para el Obispo caminar junto con su pueblo si no hay coordinación, colaboración y organización en su Diócesis, es decir, si no hay comunión entre su pueblo. Pro ni Obispo ni pueblo deben preocuparse cuando esta comunión se busca a través de la Eucaristía: “con preferencia, respecto a los otros sacramentos, el misterio de comunión es tan perfecto que conduce a la cúspide de todos los bienes: en ella culmina todo deseo humano, porque aquí llegamos a Dios y Dios se une a nosotros con la unión más perfecta”. (EE, 34)

En la Diócesis y específicamente en la persona del Obispo, se cuenta el “quehacer” de la Iglesia, de él surge la conducción pastoral y teológica por la que caminamos sacerdotes y pueblo. El es el primer responsable en la búsqueda de santidad, de la porción de tierra que se le ha encomendado. He ahí la importancia y responsabilidad tan grande que le ha sido asignada. Pro nada de esto será posible su trabajo no brota de la íntima comunión con Dios a través de le Eucaristía. Así entonces, descubrimos la verdadera fuente, inicio y culmen de ese trabajo pastoral y teológico: Jesús, Cuerpo y Sangre que alimenta y sostiene en el camino hacia la salvación a toda la humanidad.

Iluminación doctrinal

La Eucaristía, es la máxima expresión sacramental de la “común unión” en la Iglesia, por lo tanto implica también una participación digna por parte del pueblo. El catecismo nos dice (1385): “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”. Y el papa Juan Pablo II nos recuerda que está vigente, y lo estará siempre, esta severa norma que el Concilio de Trento establece: “debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal” (EE 36 al final).

El pueblo de Dios, también debe concientizarse, del esfuerzo personal y comunitario para mantenerse en la Santidad. Obispo, diócesis y pueblo, “caminando juntos”, pero que el pueblo descubra su participación como bautizado y como hijo de Dios.
Será entonces el “sacrificio eucarístico”, que celebrándose siempre en una comunidad particular, ésta recibe el don completo de la salvación, en su permanente particularidad visible, como imagen y verdadera presencia de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.

El Obispo es pues, el principio visible y el fundamento de la unidad en su Iglesia Particular. Sería una gran incongruencia que el Sacramento por excelencia de la Unidad de la Iglesia, fuera celebrado sin una verdadera comunión con el obispo. San Ignacio de Antioquia, en su carta a los Esmirniotas dice: “se considere segura la Eucaristía que se realiza bajo el Obispo, o quien el haya encargado”.

Caminemos juntos” (Sínodo) como pueblo y como hermanos con nuestro Arzobispo Dn. Francisco Robles Ortega, como cabeza visible de nuestra Arquidiócesis, apoyados en la Eucaristía que se celebra en cada parroquia, concientes de la unidad que nos identifica como “Cuerpo de Cristo”.

Guarda esto en tu corazón
La Iglesia Diocesana cuenta con la Eucaristía, por la cual vive y se desarrolla sin cesar.
Ni el Obispo ni el pueblo, deben preocuparse cuando la comunión se busca a través de la Eucaristía.

Del Obispo surge la conducción pastoral y teológica por la que caminamos juntos, sacerdotes y pueblo.
Sería una incongruencia que el sacramento de la Eucaristía fuera celebrado sin una verdadera comunión con el Obispo.

Compromiso personal y comunitario

Al darme cuenta de que pertenezco a una comunidad diocesana y que esta vive y se desarrolla por la Eucaristía ¿participo concientemente de esta realidad?
¿Cómo aprovecho la Eucaristía para sentirme en comunión con mi Obispo?
Es verdad que el Obispo va marcando la pauta teológica y pastoral para que todos caminemos juntos, y que él se hace presente por medio de los sacerdotes en las comunidades ¿Qué podría hacer yo, para que ese “caminar juntos” se viva en mi comunidad?
¿Cuál es la relación que hay entre el Obispo, los sacerdotes y los laicos?