REFLEXIONES CUARESMALES
LA EUCARISTÍA Luz y vida del Nuevo Milenio
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La
Eucaristía Genera y hace crecer a la Iglesia
“Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo;
el que coma de este pan vivirá
para siempre,
y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga
vida”. Jn. 6, 51
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Objetivo
Que los fieles comprendan que la Eucaristía dejos de ser
un simple rito, o un ir a Misa, es la participación personal
y comunitaria con todo el Misterio de nuestra Salvación,
un morir y resucitar diario con Cristo que necesariamente conlleva
en un cambio de actitud, un cambio de vida que se manifieste en
una transformación positiva de la sociedad.
Nuestra
realidad.
Algunos fieles piensan que es suficiente tener
una buena relación con Dios, confesarse con regularidad,
hacer obras buenas y asistir a Misa. Todo esto es bueno, pero esto
mismo nos debe llevar a la cuenta de que Cristo murió no
solo por mí, sino por todos, que su sacrificio fue a favor
de un pueblo, la Iglesia, con la cual yo debe identificarme, saber
ser miembro solidario de ella y de sus necesidades, sobre todo la
necesidad de extender el Evangelio a todos los niveles de la vida
social.
En efecto, la Eucaristía no es solo una celebración,
no es solo un alimento, no es solo la presencia sacramental del
Señor, es todo eso y además la fuerza aglutinante
que forma y hace crecer a la Iglesia. Cada vez que participamos
en su celebración, que nos comprometemos con su Evangelio,
Cristo se manifiesta vivo y operante, pero ¿cómo sucede
esto?.
Para ello debemos considerar algunas cosas:
Iluminación
doctrinal
Cuando los soldados romanos recibieron la orden de bajar los cuerpos
de los crucificados aquel viernes previo a la pascua judía,
le quebraron las piernas a los dos malhechores, pero al ver que
Jesús ya había muerto le atravesaron el corazón
con una lanza, e inmediatamente brotó sangre y agua, es decir,
que ya llevaba varios minutos de haber muerto. Sin embargo, más
allá del dato médico, los primeros cristianos vieron
en ello el nacimiento de la Iglesia y d todos sus sacramentos....
la sangre (signo de Dios) y el agua (signo de la humanidad). Así
aquel costado abierto dejó ver la alianza eterna ente Cristo
y la Iglesia y el poder de la Iglesia misma.
Ahora bien, antes de continuar debemos considerar con gran detalle
la condición del Verbo de Dios, antes de hacerse hombre.
Y la condición del Verbo de Dios, hecho hombre. Porque al
comprender esta doble condición humana y divina en Cristo,
podremos comprender toda condición en la celebración
litúrgica, especialmente la Eucaristía.
Dios en cuanto Dios es eterno, no tiene principio ni fin, por tanto
el Verbo de Dios es eterno, vive desde siempre y para siempre. En
cambio, el ser humano tiene principio y su alma no tiene final,
es decir, el hombre por su naturaleza debe morir, pero le sobrevive
su alma inmortal. Cristo, es verdadero Dios y verdadero hombre,
pero como Dios todas sus acciones son eternas, es decir, sobreviven
al tiempo y al lugar donde se produjeron perpetuándose para
siempre, tanto para el pasado –de tal modo que los justos que permanecían
en el seno de Abraham son redimidos- como hacia el futuro, obteniéndonos
a todos la redención.
Así pues, cada vez que celebramos la Eucaristía, nos
hacemos presentes, en virtud de la gracia, en el mismo Cenáculo
y en el mismo Gólgota donde se actuó la salvación.
En efecto, no se trata de un simple recordar, o de repetir lo que
Cristo hizo, se trata de participar con toda nitidez y frescura
del mismo, único e irrepetible sacrificio del Señor.
El sacerdote celebrante le presta, por así decirlo, su voz
y su presencia para que Cristo pueda ser visible y audible a la
comunidad, pero tras la figura del sacerdote está Él
actuante y presente en el mundo.
Igualmente, cuando la comunidad se reúne para la celebración
de la Eucaristía, en virtud del Espíritu Santo, se
renueva la alianza eterna entre Cristo y su pueblo, de tal forma
que nos invita e impulsa a ser “un solo cuerpo y un solo espíritu”,
a asumir sus propios sentimientos, y a ver el mundo según
su plan de salvación. De modo que aunque redimidos y alimentados
por su Cuerpo y por su Sangre, nos fortalecemos para que este mundo
tenga ese rostro cristiano. Pus si nosotros no nos unimos al sacrificio
de Cristo, entonces queda sin efecto su gracia entre nosotros.
Por tanto, cada vez que celebramos el memorial del Señor
en todo el mundo, todos los hombres de todos los tiempos y de todas
las culturas son atraídos hacia el altar, cenáculo
y Gólgota de nuestra salvación.
Cada vez que celebramos el Misterio Pascual de Cristo ponemos sobre
la patena, no sólo el pan para la Eucaristía, sino
también todos los pecados de la humanidad, todas sus preocupaciones,
expectativas, penas, sufrimientos... todo cuánto anhela y
espera, a punto de que nadie es ajeno a la sangre derramada por
Cristo en el altar, cenáculo y Gólgota de nuestra
redención.
Y cuantas veces celebramos la Eucaristía, somos ofrecidos
al Padre con aquel estremecedor grito: “En tus manos encomiendo
mi espíritu” pasando sobre los presentes y sobre toda la
humanidad, de todos los tiempos, en todos los sitios, la suave brisa
de la santidad. “En su sangre todos hemos sido salvados”.
Compromiso personal y
comunitario
La Eucaristía, ya como celebración,
ya como alimento, ya como adoración, nos hace uno con Cristo
y con su cuerpo que es la Iglesia. Es cierto que todos debemos comulgar
en estado de gracia, pero estar n gracia no es solo no tener pecados
mortales o veniales, tenemos que acudir también a su sentido
positivo, es decir, tener en nosotros la vida de Dios, sentir como
Dios y tener la preocupación por la salvación de todos.
Del mismo modo que un padre de familia no puede preocuparse por
sí mismo, sino además por todos los miembros de la
familia; los cristianos no podemos pensar sólo en nuestra
salvación personal, sino pensar en cómo colaborar
para la salvación de los demás.
Propongámonos cada vez que vayamos a Misa en pedir perdón
por quienes no lo piden, orar por los que no oran, llevar la Palabra
de Dios a los distantes y fortalecer a los demás con el Pan
de Vida que recibimos, así seremos como el fermento que llevado
a la masa, la fermenta toda para hacer un mismo pan.
ORACIÓN
Padre, que al dejarnos en la Eucaristía
a tu Hijo Jesucristo,
quisiste que la Misa fuera la fuente y la cumbre de toda la vida
cristiana,
concédenos que si hemos nacido como pueblo del costado abierto
de tu Hijo Jesucristo,
no pongamos resistencia a su gracia, y así renovemos la alianza
nueva y eterna,
atraídos junto con todo el universo hacia el único
Altar, Jesucristo,
moviendo las conciencias y las voluntades de los que participamos
en la Misa,
para construir este mundo según tu voluntad,
para que la vida del cielo sea cada vez más anhelada,
más presente, más cercana; hasta que todos celebremos
definitivamente,
las bodas eternas del cordero, en la humanidad nueva, en tu reino
eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Textos de apoyo
Jn. 19, 31ss
Por este misterio “Con su Muerte destruyó nuestra muerte
y con su Resurrección restauró nuestra vida. Pues
el costado de Cristo dormido en la cruz nació “el sacramento
admirable de la Iglesia entera” Sacrosanctum Concilium, 5
Este sacrificio es tan decisivo para la salvación
del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto
al Padre sólo después de habernos dejado el medio
para participar de él, como si hubiéramos estado presentes.
Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo
frutos inagotablemente. (Ecclesia de Eucaristía 11).
Después de dos mil años seguimos reproduciendo aquella
imagen primigenia de la Iglesia. Y, mientras lo hacemos en la celebración
eucarística, los ojos del alma se dirigen al Triduo Pascual:
a lo que ocurrió la tarde del Jueves Santo, durante la Última
Cena y después de ella. La institución de la Eucaristía,
en efecto, anticipaba sacramentalmente los acontecimientos que tendrían
lugar poco más tarde, a partir de la agonía en el
Getsemaní.....(E E, 3)
...La importancia del ministerio de la santificación que
se ejerce en la Liturgia, la cual debe celebrarse de tal modo que
haga efectiva su fuerza didáctica y educativa. Esto requiere
que las celebraciones litúrgicas sean verdaderamente epifanía
del misterio. Deberán expresarse con claridad, pues, la naturaleza
del culto divino, reflejando el sentido genuino de la iglesia que
ora y celebra los misterios divinos. (Pastores Gregis, 35).
Exhorto, pues, a mis hermanos Obispos a que, como maestros de la
fe y partícipes del supremo sacerdocio de Cristo, procuren
con todas sus fuerzas promover auténticamente la liturgia.
Ésta exige que por la manera en que se celebra, anuncie con
claridad la verdad revelada, transmita fielmente la vida divina
y exprese sin ambigüedad la auténtica naturaleza de
la Iglesia. (PG. 35).
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella
la víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos
tu amistad, para que fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu
Hijo y
llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo
y un solo espíritu. Oración
Eucarística III
Flp. 2,5
Con la comunión eucarística la Iglesia consolida también
su unidad como Cuerpo de Cristo. San Pablo se refiere a esta eficacia
unificadora de la participación en el banquete eucarístico,
cuando escribe a los Corintios: “Y el pan que partimos ¿no
es comunión con el Cuerpo de Cristo? ¿Por qué
aún siendo muchos. Un solo pan y un solo cuerpo somos, pues
todos participamos de un solo pan” (1 Co. 10, 16-17).... el comentario
de San Jun Crisóstomo es detallado y profundo: “¿Qué
es, en efecto, el pan? Es el Cuerpo de Cristo. ¿En qué
se transforman los que lo reciben?. En Cuerpo de Cristo; pero no
muchos cuerpos sino un solo cuerpo” (E E 23).
Oración Eucarística III
Una consecuencia significativa de la tensión escatológica
propia de la Eucaristía, es que da impulso a nuestro camino
histórico, poniendo una semilla de viva esperanza en la dedicación
cotidiana d cada uno a sus propias tareas... es cometido suyo contribuir
con la luz del Evangelio a la edificación de un mundo habitable
y plenamente conforme al designio de Dios. ( E E).
Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos a no echar
su gracia en saco roto. (2Cor. 6, 1-2).
Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de
algún modo la experiencia de los dos discípulos de
Meaux: “Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron....”
(Lc. 24, 31)
Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía,
que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está
n el centro de la vida eclesial.... (E E, 3).
Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda
la región y se oscureció el sol hasta las tres de
la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús,
clamando con voz potente, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu” Y dicho esto, expiró. (Lc. 24, 44-46).
Ef. 2,5
Quien se alimenta de Cristo en la Eucaristía no tiene que
esperar el más allá para recibir la vida eterna: la
posee ya en la tierra como primicia de la plenitud futura, que abarcará
al hombre en su totalidad... (E E, 18).
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