La vida y el mensaje de Jesús

Dios se ha encarnado. esto es un misterio, el más profundo de todos los misterios. Nuestra mente no puede abarcarlo, y cuando sentimos la incapacidad para captarlo, cuano la razón nos plantea preguntas, sólo podemos darnos una respuesta, la misma que dio el ángel a María: "Nada es imposible para Dios" y añadimos "El amor hace cosas así". San Juan nos dice que en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y nos ha dado a su Hijo.

La Encarnación es la máxima prueba. el don de Dios a los hombres es su propio Hijo.

Dios nos crea semejantes a Él, para que podamos amarlo, y Dios mismo que nos ama en un grado infinito, se hace hombre para poder amar a los hombres como "Dios hecho hombre"

 
Espera del Mesías Nacimiento de Jesús Infancia de Jesús Jesús y la llegada del Reino Jesús y las tentaciones
El anuncio del Reino Religiosidad de Jesús Jesús y el conflicto con el poder El hombre más extraordinario  


Espera del Mesías

Poco antes de nacer Jesús, muchos judíos, a pesar de los desastres y de las injusticias sufridas, seguían confiando en el Dios de la promesa; en el Mesías, el esperado del que hablaba el profeta Isaías. "Mirad la joven esta encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel"( Is. 7,14)
En este ambiente de espera aparece Jesús de Nazaret, el Mesías, el esperado.

Una de las personas buenas y sencillas que confiaban plenamente en el Dios de la promesa era una muchacha de Nazaret, en Galilea. Se llamaba María. Era la mujer que iba a acoger en su seno nada menos que al Hijo de Dios. Esta mujer es la madre de Jesús.

Mesías. Es una palabra hebrea que significa ungido, es decir, aquel sobre cuya cabeza se ha derramado aceite como signo de elección. Una persona elegida por Dios para un fin concreto. El pueblo de Israel, en un principio, consideraba Mesías a su rey en aquel momento (Saúl David). Mas tarde, este título se dará al rey esperado, al liberador, al que había de salvar JESUS DE NAZARET.

Nacimiento de Jesús

Jesús fue hijo de su tiempo. Nació en una época concreta: en tiempos del rey Herodes I el Grande, hacia el año 6 a.C. y en un lugar determinado: Belén de Judea. Nació de una mujer, María, escogida por Dios para ser su madre. Dios escogió también a José para realizar las funciones de padre.

Poco antes de nacer Jesús, se produjo un acontecimiento histórico que iba a tener influencia en su vida. Este hecho fue la promulgación de un edicto, por parte del emperador romano Octavio Cesar Augusto (año 7 a.C.), en el que se ordenaba el empadronamiento a todos los ciudadanos que vivían en el imperio.

Por ello todos los ciudadanos tenían que ir a inscribir su nombre ante los funcionarios romanos.

En Palestina era costumbre que se inscribieran, no en el lugar donde vivían, sino en el lugar de donde provenía su familia. José provenía de la familia del rey David, y Belén era el pueblo de David. Por eso a José y a su esposa María les tocaba ir a empadronarse a Belén.

Solo dos evangelistas hablan del nacimiento de Jesús: Mateo y Lucas. Los dos quieren mostrar a los creyentes que con el nacimiento de Jesús empieza algo importante en la historia de la humanidad. Por eso al narrar el nacimiento, lo expresan con términos que hablan de luz, de alegría, de buena noticia…. Así nos lo transmiten cuando se les anuncia a los pastores el nacimiento de Jesús.


Infancia de Jesús

A los ocho días de nacer, Jesús fue circuncidado como todo niño judío, tal como mandaba la Ley de Moisés. La circuncisión tenía ( y tiene para los judíos) un sentido parecido al del Bautismo para los cristianos. Con la circuncisión, los niños entraban oficialmente a formar parte del pueblo de Israel y se les imponía el nombre.
Jesús fue presentado en el templo de Jerusalén como estaba ordenado en la ley de Moisés.
Según la ley de Moisés, el primer hijo de una madre judía, si era niño, debía ser presentado en el Templo de Jerusalén para consagrarlo a Dios. Como ofrenda debían llevar una oblación (sacrificio). Esta consistía en dos tórtolas o dos pichones si eran pobres. (Lc. 2,22-24)

Cuando era muy pequeño (dos años aproximadamente) tuvo que huir con sus padres a Egipto, porque el rey Herodes le buscaba para matarle por miedo a que le quitara su poder. Herodes se asustó ante la posibilidad de que alguien pudiera arrebatarle el trono y mandó matar a todos los niños varones menores de dos años de Belén y sus alrededores.

Una vez muerto Herodes, Jesús volvió con sus padres a Galilea, donde vivió como un niño judío más. Allí, bajo la mirada de José y María, iba creciendo, aprendía muchas cosas y la gracia de Dios lo acompañaba. (Lc. 2,39-40)

Como buenos judíos, los padres de Jesús peregrinaban al Templo de Jerusalén todos los años para celebrar la fiesta de la Pascua, cuando Jesús cumplió doce años, se lo llevaron con ellos, iban con mucha gente de Nazaret.
Al acabar la fiesta emprendieron todos el camino de regreso, José iba con el grupo de hombres, como era la costumbre, y María con el de las mujeres.

Después de un día de camino se pararon para pasar la noche y se dieron cuenta de que Jesús no estaba con ellos. (Lc. 2,41-50). El último dato de su infancia del cual nos hablan los evangelios es que después de estar con los doctores volvió con sus padres a Nazaret. Allí, iba creciendo y formándose como cualquier joven de su edad. (Lc. 2,51-52)
Del tiempo que va desde los doce a los treinta años de Jesús, no tenemos ninguna noticia en especial, se supone que vivió como un judío normal, compartiendo su vida con la gente sencilla de su pueblo.

Jesús y la llegada del Reino

Después de las pocas noticias de la infancia, los Evangelios nos introducen en los años centrales de su vida. Es entonces cuando se manifiesta con claridad la misión de Jesús.
Jesús mismo, en la sinagoga de Nazaret a la que solía acudir los sábados como todo buen judío, explica cual es su misión. (Lc. 4,16-19)

Antes de comenzar esta misión, quiere recibir el Bautismo de manos de Juan el Bautista, su primo, que predicaba y bautizaba a orillas del río Jordán. Juan Bautista era el profeta que predicaba la conversión, el cambio interior. Lo hacía porque veía el mal que existía en la sociedad de su tiempo, tanto entre jefes religiosos que no cumplían la tarea de guiar al pueblo en la fidelidad a Dios, como en las actitudes de injusticia que se daban en muchas personas. (Lc. 3,3-4)
Jesús como uno mas, se acercó a bautizarse. Su Bautismo no era para cambiar de actitud de vida, pues Jesús no tenía pecado. Era para confirmar la misión que él venía a traer, la salvación
En el momento en que Juan bautizaba a Jesús, se oyó la voz del Espíritu del Padre que decía: "Este es mi Hijo querido, mi predilecto". ( Mt 3,17)

Ante esta experiencia de amor por parte del Padre, Jesús se propuso la tarea de su vida: Hacer que el amor de Dios llegara hasta la vida de los hombres y las mujeres, especialmente de los pobres y de los que sufrían.

Para Jesús había llegado la hora de empezar a construir el Reino de Dios, donde el amor, la justicia y la fraternidad fuesen una realidad. Este Reino empieza ya aquí en esta tierra: porque donde hay amor y fraternidad esta Dios presente.

Jesús y las tentaciones

Una vez bautizado, Jesús se retiró al desierto, lugar de soledad, oración y ayuno, para reflexionar sobre su misión. Allí se le acercó el demonio y le tentó.
Las tres tentaciones que sintió Jesús como hombre fueron las de tener, poseer y dominar; que toda persona siente. Se suelen denominar como la tentación de la falsa religiosidad, es decir, utilizar a Dios para triunfar. (Lc. 4, 3-13)

Jesús venció las tentaciones y no hizo caso de las propuestas del demonio porque estaba convencido de que la fuerza del amor es suficiente para vivir. Con esta fuerza Jesús empezó a construir el Reino de Dios.

Jesús quería servir a Dios y hacer su voluntad, que no era otra que anunciar el Reino de Dios. En este Reino, el amor y la justicia eran los ejes fundamentales.
Con esta actitud Jesús comenzó su misión pública. Empezó a recorrer los caminos de Palestina haciendo el bien a todos, enseñando, curando, perdonando y denunciando.

El anuncio del Reino

Con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos hablaban de Él.

Galilea era una región de paso en la que vivían muchos extranjeros, sobre todo griegos. Aquí empieza Jesús su actuación pública, proclamando la llegada del Reino de Dios. En este Reino, el amor es posible si existe un cambio de vida. Jesús anuncia el Reino de Dios a través de su vida, de sus palabras y de las curaciones y de los milagros.


A través de su vida:

Jesús manifiesta que el Reino de Dios es amor, y lo hace con actitudes y obras concretas:

Se acerca a los pobres, a las clases más desfavorecidas de la sociedad. Lc. 18, 35-43
Se relaciona con los pecadores y necesitados, sin importarle las críticas que pueda sufrir por ello. Lc. 5,29-32
Acoge con sencillez a los niños, aunque a los demás no les parezca bien. Lc. 18, 15-16
Si es necesario, se salta el cumplimiento de la Ley de Moisés, con el fin de salvar y ayudar a las personas. Jesús cumple con la Ley, pero no es un esclavo de ella. Para él, la persona es más importante que la ley, hacer el bien a los otros está siempre por encima de cualquier norma, por sagrada que ésta sea. Lc. 6, 6-11.

A través de su palabra:

Las palabras de Jesús se dirigen siempre a la necesidad de vivir como verdaderos hermanos, a la vivencia del amor. Confirma así lo que había demostrado en su vida.

Unas veces, transmite su mensaje mediante ejemplos (parábolas) sacadas de escenas de la vida cotidiana. Así en la parábola del samaritano, Jesús nos enseña que nuestro prójimo es aquel que necesita de nosotros, de nuestra ayuda, sea cual sea su ideología, su procedencia, su raza, sea rico o pobre…., pues Dios es bueno con todos los hombres y mujeres. Lc. 10, 25-37.
Otras veces anima a los creyentes a vivir amando a los demás, a cumplir el gran mandamiento del amor. Jn. 13,34-35
Anima también a amar incluso a nuestros enemigos, a aquellos que nos molestan, que nos fastidian.
Anima a perdonar tantas veces como sea necesario, es decir, siempre. Mt. 18, 21-22
Finalmente nos anuncia que seremos juzgados según hayamos amado a nuestros semejantes. Mt. 25, 31-32.

A través de curaciones y milagros:

Jesús no sólo habla, sino actúa. Allí donde encuentra mal, pone bien: los ciegos ven, los cojos andan, los enfermos sanan. (Lc. 7, 18-19)
Esta manera de actuar de Jesús es una forma mas de anunciar el Reino de Dios, pues el bien, la bondad y el amor que Dios tiene hacia la humanidad se estaban haciendo presentes.

Las curaciones y los milagros son señales que el Reino de Dios esta llegando. Desde este punto de vista debe leerse cualquiera de los milagros:
Multiplicación de los panes y los peces Jn. 6, 1-15;
Curaciones de ciegos, leprosos, paralíticos…. Mc. 8, 22-26


Religiosidad de Jesús

En unidades anteriores hemos visto que el pueblo de Israel era profundamente religioso, creía en un Dios que salva y perdona. Jesús como judío que era, también creía en un Dios misericordioso y nos lo muestra a través de las siguientes parábolas:

El hijo pródigo: Dios es como aquel padre que no se cansa de esperar el regreso del hijo que se fue de la casa. Cuando éste vuelve a casa lo acoge con gran alegría, a pesar de su mal comportamiento.
Lc. 15, 3-7
La oveja perdida: Dios es el pastor que, habiendo perdido una oveja, va en su busca. Una vez hallada, la recoge con cariño y cuida de ella. Lc. 15, 3-7
La bondad y la misericordia de Dios quedan patentes en el texto del Evangelio Mt 5,45.
Ä Jesús también deja constancia de que Dios es su Padre. Son muchas las veces que nos habla de ello el Evangelio.
Cuando agradece a Dios el haberse revelado a los sencillos, a los pobres. Mt .11, 25-27
Cuando manifiesta que como el Padre le ama, él ama a los hombres y las mujeres. Jn. 15, 9.16
Cuando ve el final de su vida, se dirige a Dios y le encomienda a sus discípulos. Jn. 17, 1-3
Jesús tiene un contacto continuo con Dios, su Padre. En muchas ocasiones reza y habla con él:
Antes de elegir a sus discípulos pasa la noche en oración con su Padre. Lc. 6, 12-13
En el Huerto de los olivos, cuando es traicionado y detenido para ser juzgado, encomienda su vida a Dios. Lc. 22,42
Momentos antes de morir encomienda su vida al Padre: Lc. 23,46

Jesús y el conflicto con el poder

La vida de Jesús no fue fácil. En la sociedad en la que le tocó vivir todo estaba rígidamente establecido:

Los ricos y los poderosos tenían privilegios que nadie se atrevía a discutir. Afirmaban que Dios les había bendecido con sus dones.
Los romanos ostentaban el poder político y militar, los samaritanos eran considerados herejes y estaban mal vistos por el resto de los judíos.
Los pobres y enfermos sufrían toda clase de privaciones y las mujeres eran consideradas seres inferiores.

La vida de aquella sociedad estaba muy reglamentada. Nadie podía saltarse las normas. Especialmente las referentes al reposo del sábado como día festivo, la pureza legal y al ayuno. La tradición farisea exageraba tanto el cumplimiento de la Ley, que la había convertido en algo inhumano.

Jesús no se movía por perjuicios sociales. El Reino de Dios exige el cumplimiento del mandamiento del amor como tarea fundamental. Por eso, lo que a él le movía era sentirse querido por el Padre del cielo y transmitir este amor a la humanidad. Si para transmitir su amor a una persona tenía que saltarse alguna de las normas que imponía la sociedad, se la saltaba. Esta libertad de acción sorprendía a todos.
A los que ayudaba y curaba les parecía una manera de actuar maravillosa. Y decían: Todo lo hace bien.
A los que se beneficiaban de aquella sociedad injusta les sorprendía e indignaba. Y reaccionaban diciendo: ¿Qué se ha creído éste? ¿Por qué actúa de este modo?

Conflictos e incomprensiones:

Los Evangelios dicen que Jesús tuvo grandes amigos. Su manera de actuar también le trajo enemistad e incomprensión, que le llevaron a la muerte. Pero una vida llena de amor como la de Jesús no podía desembocar en la muerte, sino en la vida para siempre.

Si analizamos el principal conflicto que tuvo Jesús, el conflicto con los escribas y fariseos, comprenderemos mejor por qué lo mataron y quienes tuvieron más interés en acabar con él.

Los escribas y fariseos eran los encargados de vigilar el estricto cumplimiento de la Ley y de las normas por parte del pueblo. Por tanto, era lógico que desaprobaran el comportamiento de Jesús, quién actuaba libremente frente a las normas, cuando éstas iban en contra de la persona.

Cuando Jesús cura en sábado, los escribas y fariseos, en lugar de alegrarse con la curación de la persona, buscan el modo de acusar a Jesús para acabar con Él. Lc. 6,11
Cuando no entienden sus palabras y éstas les parecen blasfemia, quieren apedrearle. Jn. 10, 31-33

Fueron muchas las veces que quisieron detener a Jesús y acabar con él. Pero la definitiva, la que les llevó a tomar la determinación de matarle fue el hecho de devolverle la vida a su amigo Lázaro, el hermano de Marta y de María.

Algunos testigos de la resurrección de Lázaro contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al Sanedrín que, como ha hemos visto, estaba compuesto por los principales jefes del pueblo. Estos se dieron cuenta de que, si esto se sabía, todo el pueblo creería en él y le seguirían, por tanto, ellos perderían el poder. Por eso, después de mucho discutir, decidieron condenarlo a muerte. Jn. 11, 46-50. 57

A través de los conflictos e incomprensiones que Jesús padeció por ser consecuente con su misión, podemos comprender por que le mataron y por que su huella sigue viva hoy. En realidad, la muerte de Jesús fue una consecuencia de su forma de vida. Una vida de entrega y de compromiso, de anuncio del Reino y de denuncia de todo lo que iba en contra del Reino no podía pasar desapercibida a aquellos para los que el poder y el tener eran la clave de su vida.

Hoy día existen muchas personas que siguen la huella de Jesús y que como Él, entregan su vida desinteresadamente para bien de los demás. Pero al igual que Jesús, estas personas, muchas veces no son valoradas ni comprendidas, e incluso mueren por los demás

El hombre más extraordinario

"Tiene entre treinta y cuarenta años. Es un obrero robusto, capaz de sufrir noches de vigilia, largas jornadas de camino bajo el sol. Su presencia y su mirar seducen.

Es un artesano que no se paga de palabras sino que quiere actos. No es un intelectual, porque no ha frecuentados las escuelas, pero sus conocimientos son profundos y amplios, animados de una viva imaginación: sabe presentar las escenas de la vida cotidiana, los oficios, las fiestas, las estaciones del año….comprende a las gentes por instinto, porque su sensibilidad, que es viva, abre los corazones a las necesidades de los demás.

No vive como los demás ha dejado su trabajo profesional para cumplir una misión itinerante. Entonces, ¿de qué vive?. De la hospitalidad de los amigos. Aunque es verdad que con un régimen frugal es suficiente, no desdeña la ocasión de hacer honor a quien le invita. Y esta vida ruda es la que propone a sus compañeros. No está casado, pero no rehuye a las mujeres. Las trata cortésmente. Libre de todo lazo se pone a disposición de todos, para servirles, para amarles y hacerles amar. Los que sufren en el alma y en el cuerpo son los que más atraen su bondad. Es sencillo con todo el mundo, hombre de pueblo y al mismo tiempo un gran señor.

No esta vinculado a ninguna clase social, a pesar de sus preferencias hacia los pobres. Guarda una gran independencia con los que solicitan; familia, amigos, adversarios, autoridades religiosas y civiles, opinión pública. No hace política no se mezcla en negocios. Cumple su misión con una impresionante autoridad. Tranquilo seguro de su mismo, domina y construye su destino. Sabe actuar con paciencia, progresar y adaptarse. Afronta con lucidez y valentía la incomprensión, la envidia, el odio. Nadie le asusta. Dice la verdad guste o no guste. Le causan horror los hipócritas y los orgullosos. Con toda paciencia corrige los errores de sus amigos. Admira la fe y la generosidad de los humildes, anima la confianza que le dan sus compañeros, pero sin adularlos nunca. Les confía sus designios, les asocia a su misión.

Su grandeza intriga, pero no aplasta.
Su amor libera.

Este retrato es rigurosamente histórico.
Este hombre es auténtico

Se llama JESUS"

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