El  Jubileo del Año 2000Logotipo del jubileo 2000

 

 

Llegó al fin el año 2000. Este 31 de diciembre diremos: "Feliz Milenio Nuevo",    comienza   ¡EL TERCER MILENIO! Hay preparativos, viajes, proyectos y propósitos. Hay también expectación. No faltan las noticias pesimistas de quienes anuncian grandes catástrofes y, hasta el fin del mundo. No te preocupes, pues "nadie sabe el día ni la hora" (  Mt 24,36 ). Para ti que eres cristiano, este año es una gran oportunidad para celebrar el misterio de la Encarnación, es decir, el hecho de que Dios se haya hecho hombre por ti y por cada uno de nosotros, porque nos ama y desea participarnos de su vida divina.

 

Significado del  logotipo

El campo azul-celeste: es el universo, la humanidad. 
Las 5 palomas: 5 continentes.                                                       
La cruz que atraviesa todo: La Encarnación del Hijo de Dios y la redención.
La luz que sale del centro: Cristo, luz del mundo.                       
Forma circular de las palomas: Espíritu de solidaridad en el Jubileo       
Armonía de los colores: Alegría y paz en el Jubileo.

¿Qué es un Jubileo? Objetivo del Jubileo La Preparación La Celebración Cómo ha de celebrarse
Introducción.    Decimos que es una oportunidad, porque la Iglesia universal ha preparado una serie de celebraciones que nos ayudarán a comprender y experimentar aún más el amor de Dios. Ningún católico debe estar al margen de esta gran fiesta, es más, ninguna persona de cualquier credo debe ignorar cuanto nos ama Dios, y de eso somos responsables todos los bautizados: de que todos se enteren que "tanto amó Dios al mundo, que envió a su único Hijo para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Jn 3,16); y este grandioso hecho sucedió en la historia, hace dos mil años. Por eso celebramos, por eso debemos de convencer a todo el mundo de que el amor de Dios está presente entre los hombres.

Te conviene pues conocer todo lo referente al próximo Jubileo del Año 2000; la siguiente información la sacamos de dos fuentes principales: "Hacia el Tercer Milenio", Carta Apostólica y, "El Gran Jubileo del Año 2000", Bula de Convocación, ambas del Papa Juan Pablo II. Para conocer mejor el tema puedes encontrar estos documentos en cualquier librería católica.

 

¿Qué es un Jubileo?   Desde el Antiguo Testamento se celebran los jubileos (Cf. Ex 23, 10-11; Lev 25, 1-28; Dt 15, 1-6). Era un tiempo dedicado de un modo particular a Dios. Cada siete años se llamaba el "año sabático"; y cada cincuenta era el "año jubilar" –más solemne-. Como signo de fiesta se dejaba reposar la tierra, se liberaban los esclavos, se perdonaban las deudas. El objetivo de celebrar un año jubilar, era para devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel. El año jubilar debía servir para el restablecimiento de la justicia social.

A partir del Nuevo Testamento, el Jubileo adquiere su verdadero y pleno significado:

Jesús de Nazaret fue un día a la sinagoga de su ciudad y se levantó para hacer una lectura (Cf. Lc 4,16-30) leyó, del Profeta Isaías, el siguiente pasaje: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me consagró. Me envió a traer la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor" Y añadió: "Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar".

Cuando San Pablo habla del nacimiento del Hijo de Dios lo sitúa en "la plenitud de los tiempos". En realidad, el tiempo se ha cumplido por el hecho mismo de que Dios, con la Encarnación, se ha introducido en la historia del hombre: la Eternidad ha entrado en el tiempo.

El tiempo, dimensión en la que se crea el mundo y se desarrolla la historia humana, culmina en la "plenitud de los tiempos" de la Encarnación y tiene su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos (Parusía). En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una dimensión de Dios, que en sí mismo es eterno.

Todos los jubileos se refieren a este "tiempo" del cumplimiento de las profecías y aluden a la misión mesiánica de Cristo, venido como "consagrado con la unción" del Espíritu Santo, como "enviado por el Padre". El Jubileo, "año de gracia del Señor", es una característica de la actividad de Jesús y no sólo la definición cronológica de un cierto aniversario.

 

 

Objetivo del Jubileo:   Para la Iglesia, el Jubileo es verdaderamente aquel "año de gracia", año de perdón de los pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental. Por eso la razón de toda la preparación previa.

Los dos mil años del nacimiento de Cristo –independientemente de la exactitud del cálculo cronológico- representan un Jubileo extraordinariamente grande no sólo para los cristianos, sino indirectamente para toda la humanidad, dado el papel primordial que el cristianismo ha jugado en estos dos milenios.

El término "jubileo" expresa alegría; no sólo alegría interior, sino un jubileo que se manifiesta exteriormente, ya que la venida de Dios es también un suceso exterior, visible, audible y tangible, como lo recuerda San Juan (Cf. 1Jn 1,1). Esto indica que la Iglesia se alegra por la salvación traída por Jesucristo.

Desde hace dos mil años, el tiempo está impregnado de la presencia de Dios y de su acción salvífica. Con este espíritu la Iglesia se alegra, da gracias y pide perdón, presentando súplicas al Señor de la historia y de las conciencias humanas.

Una de las súplicas de la Iglesia es que prospere la unidad entre todos los cristianos de las diversas confesiones hasta alcanzar la plena comunión. Y, desde luego, la Iglesia espera que, entre todos los discípulos de Cristo, unidos por el mismo Bautismo, incorporados a la misma Iglesia Católica, se dé verdaderamente la unidad, manifestada en la convivencia fraterna y solidaria entre todos sus miembros.

El Año Jubilar, "año de gracia del Señor", debiera tener los mismos signos de que Jesús habla al iniciar su misión mesiánica: "el anuncio de la Buena Nueva a todos los hombres", de lo que ahora somos responsables todos los cristianos.

Solamente conociéndolo y estando unidos al Señor, a través de la oración y los sacramentos, los cristianos podemos anunciar esa Buena Nueva que trae la "liberación a los oprimidos" por el pecado y las ataduras de este mundo para vivir este Jubileo, este Año de Gracia del Señor.

 

La Preparación : La Iglesia universal ha propuesto una preparación para celebrar el Jubileo 2000. Consistió en tres años de reflexiones, estudios y vivencias, a cerca del Misterio de Dios Trinidad, CENTRADO EN CRISTO, Hijo de Dios hecho hombre, para:

  • CONFIRMAR en los cristianos LA FE en el Dios revelado en Cristo,
  • SOSTENER LA ESPERANZA prolongada en la vida eterna y
  • VIVIFICAR LA CARIDAD comprometida activamente en el servicio a los hermanos.

1997, JESUCRISTO. Se dedicó a reflexionar en la Persona de Jesucristo. Para conocerlo mejor fue necesario volver con renovado interés a la Sagrada Escritura, dando un impulso fuerte a la catequesis. Se invitó a redescubrir el Bautismo como fundamento de la existencia cristiana, para fortalecer y confirmar la Fe y dar testimonio de ella.

María, colaboradora del milagro de la Encarnación, no podía quedar al margen de esta preparación, fue contemplada durante este año en el misterio de su Maternidad divina, como modelo de fe y de seguimiento a Jesús.

1998, ESPÍRITU SANTO. Se dedicó a conocer mejor al Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, descubriendo que su presencia santificadora acompaña siempre a la Iglesia, que mantiene firme la virtud de la Esperanza, recibida en el Bautismo. Se valoró más el sacramento de la Confirmación, en el que se nos dan de manera especial los Siete Dones del Espíritu Santo y que nos capacita para ser auténticos testigos de Cristo; y se contempló en María a la mujer dócil a la voz del Espíritu.

Conscientes de estos regalos y de la presencia constante del Espíritu Santo en la Iglesia, deseamos y buscamos recuperar la unidad entre los cristianos, deseada por Jesucristo.

1999, EL PADRE. Dedicado a la reflexión sobre Dios Padre, para recordar que la vida del cristiano tiene una única meta: llegar a la Casa del Padre Celestial; que Jesús nos lo revela y que el Espíritu Santo nos hace posible asimilar este misterio.

Al valorar el gran Amor del Padre que envió a su Hijo para enseñar al hombre el camino de regreso a casa, los cristianos deseamos –como el hijo pródigo- emprender ese camino por la vía de la reconciliación, con el Padre y los hermanos. Se vio el sacramento de la Confesión en su significado más profundo para disponerse a celebrarlo intensamente, buscando una auténtica conversión que libere al hombre del pecado y lo impulse a elegir el bien, manifestado por los valores éticos que la sociedad actual parece haber confundido y olvidado.

La intención final es hacer presente en el mundo la virtud teologal de la caridad, manifestada en acciones concretas como la promoción del hombre, sobre todo del pobre y del marginado. María, la hija predilecta del Padre, nos enseña con su vida cómo vivir esta virtud, al responder a Dios con disponibilidad plena, desde la Encarnación hasta la Cruz.

La Celebración :   Después de haber conocido y reflexionado a cerca del Amor de Dios Uno y Trino, la celebración es, principalmente para la "glorificación de la Santísima Trinidad", de la que todo procede y a la que todo se dirige, en el mundo y en la historia. Este es el objetivo de la preparación: desde Cristo y por Cristo, en el Espíritu Santo, al Padre.

La Iglesia se dispone ahora a celebrar con Cristo que, en el sacramento de la Eucaristía, continúa ofreciéndose a la humanidad como fuente de vida divina. Es tiempo de profundizar en lo que este sacramento significa, para no desaprovechar toda la riqueza que el cristiano tiene a su alcance. El dos mil será un año intensamente eucarístico. Sólo viviendo plenamente la Eucaristía, el cristiano puede vivir su vocación a la santidad, siendo "luz del mundo y sal de la tierra" y puede cumplir la misión que Jesús encomendó a su Iglesia: "ir por todo el mundo y enseñar el Evangelio".

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