Día del Padre

 

Toca ahora dedicar este espacio a todos los papás, para quienes la Iglesia también tiene mensajes de apoyo a su tan importante e insustituible misión. Biológicamente cualquiera puede ser padre; sin embargo ser un PAPÁ en serio, con todo lo que esta palabra evoca, no siempre es fácil.

Desde este espacio cibernético deseamos a todos los papás ¡MUCHAS FELICIDADES! y que Dios, los bendiga siempre y les dé la fuerza necesaria para imitarlo.

 

Padre

Cinco consejos para educar a los niños

Dios es
Padre Amoroso

Dios es Padre Misericordioso

Dios es Padre Providente

Dios es Padre Fiel

Dios es Padre Guía
y Maestro

Oración

   

Padre

"Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy" (Sal 2,7)
"Tú eres mi Padre, la roca que me salva" (Sal 89,27)

"Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Fui yo quien enseñé a andar a Efraín, y lo tomé en mis brazos; pero no han comprendido que era yo quien los cuidaba. Con cuerdas de ternura, con lazos de amor, los atraía; fui para ellos como quien levanta a un niño hasta sus mejillas o se inclina hacía él para darle de comer" (Os 11,1-4).

Conocemos muy bien a un bebé, muchas veces lo hemos sostenido en los brazos. Su fragilidad despierta en nosotros los más nobles sentimientos de afecto. Sus ojos deslumbrados por la luz y su boca entreabierta que busca el alimento nos hacen apreciar los dones más elementales de Dios para la vida. La ternura con que lo miran sus padres nos hace penetrar en el más puro signo de los valores humanos. Su debilidad lo hace más fuerte que nuestras seguridades de adultos; su invalidez, más deseable que cualquier riqueza; su indigencia más necesaria que nuestras llenuras. Ese bebé es la gloria de sus padres y, me atrevería a decir, es también la gloria de la humanidad: en su pequeñez resplandece, sin velos, todo lo que es más valioso del hombre.

En los padres que lo aman y cuidan de él, desde pequeño descubre la fidelidad y la esperanza. Cuando se sabe querido y se da cuenta de que sus necesidades son atendidas por quienes lo trajeron a este mundo, aun sin poder expresarlo todavía, se va formando la conciencia de que su vida humana es algo muy valioso, un tesoro sagrado que nadie puede arrebatarle.

La paternidad es un don muy valioso que Dios concede a los hombres, de Él los seres humanos debemos aprender a ser padres o madres. Por puro amor Él nos ha dado la vida, sin buscar un interés para sí mismo, excepto la dicha de amarnos como Padre y de vernos crecer como sus hijos. Él nos educa con una ley que no ha impuesto como un capricho de quien tiene el mando, sino solo para nuestro bien, porque de nuestra conducta Él no puede sacar ningún provecho. Como Padre nos ha corregido, con firmeza cuando era necesario, para acogernos de nuevo con misericordia cuando nos hemos alejado. Con amorosa providencia ha estado a nuestro lado en cada momento, con su presencia silenciosa, atendiendo a todo cuanto de verdad necesitamos; pero sin concedernos lo que nos ilusionaba conseguir cuando se trataba de caprichos.

Y es Él quien nos acompaña como el guía del camino por medio de su Hijo ("Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre sino por mí", Jn 14,16) hasta que al final de la vida en este mundo entremos a vivir en su casa, que será también la nuestra para siempre. La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana.

Un buen padre no da todo hecho a sus hijos. Aquel que dice: "Yo no permito que nunca les falte nada, para que no sufran como yo", en el fondo les está impidiendo construir su propia vida. Con esta conducta los bloquea, de modo que no puedan madurar y aprender a afrontar los problemas que el mundo de seguro les pondrá delante. ¿Y que harán de adultos, cuando ellos deban tomar las riendas de su propia existencia? ¿Y qué cuando el papá les falte? Otra cosa es dar a un hijo lo necesario, sobre todo aquello de que, en su infancia, no es capaz por sí mismo: acompañarlo con cariño, ofreciéndole la orientación conveniente y enseñándole el camino de la moral y de los valores que deben tener peso en sus futuras decisiones.

Un padre digno de ese nombre sabe corregir a su hijo, no para descargar sobre él su ira porque éste no ha obedecido sus órdenes, sino movido por el amor para que el joven inexperto aprenda a evitar lo que le hará daño en su existencia. "Hijo mío, no rechaces la instrucción del Señor ni te enojes por su corrección, porque el Señor corrige a quién ama, como un padre a su hijo predilecto" (Prov 3, 11,12).

 

Cinco consejos para educar a los niños ( Mel Gibson, actor )


Mel Gibson, conocido en Hollywood por su abierto catolicismo y postura pro-vida, dio en entrevista cinco consejos prácticos para los padres de familia que enfrentan como él y su esposa Robyn Moore, (padres de siete hijos), la dura tarea de educar niños.

  1. "No dejar que los 'pequeños monstruos' te pasen por encima".
    Los chicos crecen demasiado aprisa. En un abrir y cerrar de ojos dejan sus pañales y están manejando sus carros. Disfrútalos cada minuto. Siempre balanceo mi trabajo con el tiempo para mi hogar, porque no quiero levantarme una mañana y ver que me perdí lo mejor de su infancia. Hago que mi familia sea mi prioridad tope.
  2. "Ser estricto y tierno".
    A veces pienso que es imposible balancear ambos. Tienes que ser firme, debes dejar correr las leyes; pero recuerda que eras así a esa edad. Me pregunto todo el tiempo. '¿Fui demasiado estricto? ¿Fui demasiado lejos?' La culpa va de una mano a otra siendo un padre.
  3. "Hay que recordar que no hay reglas".
    ¿Por qué nadie escribió el libro de cómo ser padres perfectos? ¿Por qué no te envían a una escuela para aprender? ¿Por qué no hay tal lugar?. Tú haces las reglas, a tu medida. Pienso sobre cómo mis padres me educaron. Hay cosas que las hago diferente y otras en que trato de imitarlos. Pienso como nuestros amigos crían a sus hijos. Entonces, hago lo que siento que es correcto. Nadie dijo que iba a ser fácil.
  4. "Los niños son gente también".
    "¿Cuántas veces comencé con un castigo, pero enseguida me ablandé, especialmente con mis hijos mayores?. Seguro que quiero apartarlos de los errores que cometí, pero solo puedes darles los fundamentos o razones, para que ellos mismos construyan su camino.
  5. "Siempre tener una puerta abierta".
    Mis hijos quieren hablarme sobre cualquier tema, en cualquier momento. Estoy seguro que esto lo saben. Quiero que sientan que si están en problemas, su papi es su mejor amigo y el único que los puede ayudar, no importa cuan grande sea su problema. A veces me sorprenden las cosas que hacen siendo tan jóvenes; estoy sorprendido por las cosas que atraen su curiosidad. Pero ningún tema tiene sus límites. Siempre soy honesto con ellos y ellos me lo retribuyen.

"Siempre doy gracias a Dios por mi buena suerte, por tener fe en Él y por poder disfrutar ahora mismo de una familia estupenda". "Hoy en día la gente se ahoga en un vaso de agua con respecto a los hijos. Si puedes mantenerlos, darles de comer y educarlos, ¿por qué no tenerlos?". "Todo eso de la superpoblación es una excusa absurda en Occidente porque aquí ocurre todo lo contrario: cada vez se tienen menos niños".

Finalmente recomendó a quienes creen lo contrario que "den un vistazo a los índices demográficos a ver si cambian de opinión".
Estas afirmaciones son a favor de la familia.


Los cristianos podemos descubrir en Dios Padre el único y mejor modelo para ejercer esta bellísima tarea, tratando de aprender de Él sus principales características:

Dios es Padre Amoroso:
amor no egoísta sino generador, genera vida y de ahí su Nombre: "Yahvéh", que significa "Yo soy", es decir, "el que hace existir". El padre terreno también genera vida y debe estar abierto a esa fecundidad. Pero como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: "la fecundidad… no solo se reduce a la sola procreación de los hijos, sino que debe extenderse también, a su educación moral y a su formación espiritual…" (2221)

¡Gracias papá, por dar vida y por dar tu vida al entregarte por tus hijos para formarlos y educarlos según la voluntad de Dios!

 

 

Dios es Padre Misericordioso:
porque a pesar de nuestro pecado y desobediencia, nos ofrece el perdón y busca que regresemos a Él. El padre de la tierra debe tener siempre presentes las palabras de San Pablo: "…. Y ustedes padres, no irriten a sus hijos, sino para educarlos, usen las correcciones y advertencias que puede inspirar el Señor" (Efesios 6,4) Educar y corregir, siempre con misericordia, como lo hace nuestro Padre del Cielo.

¡Gracias papá, por aguantar y perdonar los errores y faltas de tus hijos; pero sobre todo, gracias, por corregirlos con amor, cada vez que están en peligro de apartarse del camino de Dios! .

 

Dios es Padre Providente:
porque nunca se cansa de darnos todo lo necesario para seguir adelante. El padre terreno también provee, pero no basta conseguir para los hijos el dinero necesario para que no les falte nada material; proveer es también dar lo necesario para un desarrollo físico emocional, intelectual y espiritual. Recordando que el dinero debe estar al servicio de la familia, no la familia al servicio del dinero; ya Jesús lo dijo claramente: "… ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida…?

¡Gracias papá, por dar todo lo necesario para comida, vestido, salud, estudios…. y, gracias también por las cosas materiales que has negado, así has enseñado a tus hijos a valorar el producto del trabajo humano, para que sean más conscientes y solidarios con los demás! .

 

 

Dios es Padre Fiel:
porque todo lo que nos promete, nos lo cumple. El papá de la tierra debe ser fiel también a todas sus promesas, comenzando por la que hizo ante el altar un día diciendo "prometo amarte y serte fiel en lo próspero y en lo adverso…" ; los hijos valoran y aprenden de la fidelidad de sus padres, más que de todos las palabras que les pudieran decir.

¡Gracias papá, por ser siempre fiel a tus promesas; por tu presencia y constancia a pesar de tu cansancio! .

 

 

 

Dios es Padre Guía y Maestro:
porque siempre pone en nuestro camino señales que nos lleven hacia Él y porque a través de su Hijo, nos ha dejado enseñanzas muy claras para vivir de acuerdo a su voluntad. El papá de la tierra es también guía y maestro, como lo dice el Catecismo: "…los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos…. El hogar es un lugar apropiado para la educación de las virtudes…. Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos." (#2223)

¡Gracias papá por enseñar a tus hijos a vivir; gracias sobre todo, por enseñarlos a amar a Dios sobre todas las cosas, haciendo del hogar una escuela de virtudes humanas, como el perdón, respeto, fidelidad, servicio, solidaridad…!

 

 

 

ORACIÓN DE UN PADRE DE FAMILIA
San José, jefe de la Sagrada Familia, alcánzame los dones y las virtudes necesarias para el cumplimiento de la tarea de dirigir esta familia en nombre de Dios.
Concédeme que, junto con mi esposa, podamos desarrollar con responsabilidad nuestras obligaciones, viviéndolas en la presencia de Dios y en la simplicidad de la fe, alimentadas por la caridad y con devoción y esperanza.
Ayúdame a imitar tu ejemplo y a poner en mi trabajo, cuidado, espero y honestidad para que mi labor se convierta en una verdadera colaboración a la obra de Dios sobre la tierra, y en un verdadero servicio a los demás hombres, mis hermanos.
Como tú te dedicaste a nutrir y educar a Jesús, ayúdame para que a los hijos que Dios me ha confiado los eduque con amor y firmeza, con tacto y delicadez, poniendo toda mi capacidad en esta labor.
Que sepa enseñarles a rezar haciéndolo con ellos, que les ayude a conocer y vivir, con la palabra y el ejemplo, sus deberes de hijos de Dios.
Que siempre viva la paciencia y mantenga la calma delante de sus errores y faltas, sin dejar de corregir y reprender con dulzura y fortaleza a la vez.
Ayúdame a ser consciente de que debo estar lo menos posible alejado de mi hogar, pues tanto mi esposa como mis hijos tienen una gran necesidad de mi presencia.
Alcánzame, San José, que todos los días viva cristianamente, y sepa guardar siempre a mi mujer y a mis hijos la fidelidad y el cariño que les debo entregar, a fin de que pueda cumplir la difícil pero maravillosa tarea de conducirlos hacia el Reino de los Cielos, para gozar de Dios eternamente.
Amén.

 

 

 

¡FELICIDADES PAPÁ!

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