El  Diezmo

 

Es: Una comunicación de nuestros bienes a las necesidades de la Iglesia.

Es para: Ayudar a los más necesitados.                    
Tener sacerdotes suficientes y preparados.                
Sostener las instituciones con las que cuenta la Iglesia.

¿ Cuánto debe de ser ?  Un día de ingresos al año.

¿ Donde debe entregarse ? En las colectas de los días 29 y 30 de noviembre, (ó en cualquier fecha posterior ) en cualquier templo de la Arquidiócesis.

Derechos y deberes del cristiano

El deber de ayudar a la Iglesia

El diezmo en el antiguo testamento

Los tipos de ofrendas

El diezmo de la Iglesia de hoy

Derechos y deberes del cristiano: Todo bautizado tiene derechos y deberes dentro de la Iglesia Católica, a la cual pertenece. Todos los miembros de la Iglesia, -laicos y consagrados- tenemos la misma dignidad y la misma responsabilidad en cuanto a la misión común de la edificación del Cuerpo de Cristo.

El Código de Derecho Canónico define a los fieles cristianos en común por cuatro características:

  • Incorporación a Cristo por el Bautismo

  • Integración al Pueblo de Dios

  • Participación de la función profética, sacerdotal y regia de Cristo

  • Llamamiento a desempeñar la misión de la Iglesia en el mundo.

El mismo Código menciona 14 derechos que tenemos todos los bautizados en la Iglesia Católica:

  • A difundir la Buena Nueva

  • A recibir la Palabra de Dios

  • A la educación cristiana

  • A la libertad en la investigación teológica y a la exposición de sus resultados

  • Al apostolado

  • A fundar y dirigir asociaciones de apostolado. A reunirse para este fin.

  • A recibir los Sacramentosà A elegir al Confesor

  • A dar culto a Dios y a la propia espiritualidad

  • A la elección de estado

  • A la buena fama y a las relaciones entre los miembros à a manifestar las propias necesidades espirituales a los Pastores.

  • A manifestar su opinión

  • A defender sus derechos en juicio

  • A ser juzgados conforme a derecho

  • A no recibir penas fuera de las normas.

También menciona nuestros deberes:

  • Cooperar en la edificación del Cuerpo de Cristo

  • Conservar la comunión con la Iglesia

  • Esforzarse por incrementar la Iglesia y promover su santificación

  • Trabajar por la difusión del mensaje de salvación

  • Obediencia cristiana a los Pastores

  • Manifestar su opinión sobre el bien de la Iglesia a los Pastores y a los demás fieles.

 

El deber de ayudar a la Iglesia:  

El canon 222 enuncia todo el arco de necesidades de la Iglesia en cuya solución deben ayudar los fieles. Es bueno recordar que este deber se aplica tanto a los laicos como a los consagrados, ya que habla de los fieles en general:

  • "Los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras apostólicas de caridad y el conveniente sustento de los ministros".

  • "Tienen también el deber de promover la justicia social, así como, recordando el precepto del Señor, ayudar a los pobres con sus propios bienes".

 

El diezmo en el antiguo testamento:

El diezmo que se daba para Dios aparece ya en la época patriarcal:

  • Abraham cuando venció a Codorloamor y a sus aliados, ofreció el diezmo del botín obtenido a Melquisedec, rey de Salem, por ser el Sacerdote del Dios Altísimo (Gen 14, 18-20);

  • Jacob promete en Betel que, si vuelve sano y salvo de Jarán, le ofrendaría a Dios el diezmo de lo que Dios le permitiera obtener (Gn 28, 29-22).

Esta práctica se fue asimilando en el pueblo de Israel:

  • Nehemías exhorta durante la renovación de la Alianza a no olvidar este compromiso para con los Levitas y los sacerdotes (Neh 10, 38-39; 12,44; 13, 4-5.12)

  • En tienpos del Rey Ezequías se encarece la generosidad de Judá para cumplir con esta ofrenda (2 Cro 31, 5-12)

  • El profeta Malaquías exhortará a los israelitas a cumplir con este precepto (Mal 3,10)

  • Amós invita a la coherencia y se encargará de recordar que el cumplimiento de este mandamiento no se debe hacer acompañado del alejamiento de Dios o de la idolatría (4,4)

En el Nuevo Testamento, entran en escena el grupo de los Fariseos que basaban su ciencia en tres cosas: la observancia del sábado, los ritos de purificación y el pago escrupuloso del diezmo. Sin embargo Jesús les recuerda que esto no debe hacerles olvidar la justicia y el amor de Dios (cf. Lc 11,42; Mt 23,23)

Los tipos de ofrendas: El diezmo consistía en la donación de la décima parte de los bienes que se obtenían de la tierra y del trabajo. Se ofrecía, como tributo a Dios y a los hombres que estaban a su servicio. En las sociedades civiles existía además el diezmo que se pagaba como tributo a los reyes.

En el diezmo ofrecido a Dios, había tres tipos: los primeros dos se entregaban a los levitas como pago de sus servicios en el Templo y por ser la tribu que no había recibido tierras en función de dedicarse al culto a Dios (Num 18,21-24). Los levitas, al mismo tiempo, entregaban el diezmo de lo que recibían al Sumo Sacerdote:

  • Se ofrecía a Dios como "cosa sagrada" el diezmo de los productos de la tierra y del producto de los árboles (Lev 27,30-31).

  • Se debía consagrar a Dios el diezmo del ganado (lev 27,32)

  • Se preparaba el diezmo del trigo, el vino y el aceite, así como los primogénitos de los ganados para comerlos en la presencia de Dios e invitaba a los levitas (Dt 14,22-27; cfr 12,5-12). Cada tercer año había que dar diezmo de este tipo a los levitas y a otros necesitados para que comieran a satisfacción (Dt 26, 12-13).

El diezmo de la Iglesia de hoy: El diezmo no debe ser una práctica filantrópica, sino un gesto religioso. Debe brotar de un corazón misericordioso que quiere llevar un poco de consuelo al que está pasando una necesidad, o desea contribuir con sus medios en una empresa de especial interés humano y sobrenatural.

Como cristianos debemos agregarle a lo anterior que nuestras ofrendas debieran llevarnos a manifestar nuestra gratitud por el Sacrificio de Cristo, don de Dios a la humanidad (Jn 3,16), al mismo tiempo que nos deben manifestar como personas que hemos asimilado los valores del Reino.

EL diezmo apunta en su finalidad hacia cuatro elementos como si fueran los cuatro puntos cardinales: Hacia Dios, hacia el prójimo, hacia la creación y hacia nosotros mismos.

  • Hacia Dios, el diezmo nos mueve a reconocer su soberano dominio y los beneficios que vienen de su Mano. Dios es el propietario del mundo y en particular de lo que te ha concedido.

  • Hacia el prójimo nos mueve la generosidad, a la práctica de la caridad y, en muchos casos, a la vivencia de la justicia. Tiene una dimensión salvífica (Mt 25,31-46). Es una muestra de generosidad que nos hace crecer por dentro, educa en el amor y contribuye a la verdadera unión entre los miembros de la comunidad. Dios no quiere que haya indigentes sin desgraciados.

  • Hacia la creación nos lleva a manifestarnos libres ante las cosas materiales, como lugartenientes de Dios en la creación. No se trata de condenar los bienes materiales, sino es una invitación para caminar sin apegos y sin caer en la esclavitud del materialismo. Para lo superfluo, el desapego efectivo de los bienes es obligatorio, ya que lo superfluo pertenece a los pobres en virtud del destino fundamental de los bienes a todos los hombres.

  • Hacia nosotros mismos nos mueve a percibir los valores trascendentes y nuestras expectativas de salvación, lo mismo que nos permite ver al hermano necesitado. Nos permite experimentarnos administradores y alejarnos del insaciable pecado de la codicia.

Los miembros de la Iglesia Católica, observamos cinco preceptos llamados los "Mandamientos de la Iglesia"; éstos se relacionan directamente con el Primer Mandamiento de la Ley de Dios, pues del amor a Dios se derivan el darle el culto que le corresponde, las obras piadosas y la solicitud para con su Iglesia.

Los Mandamientos de la Iglesia Católica son:

  1. Participar en la Misa completa todos los domingos y días de precepto.

  2. Confesarse, por lo menos una vez al año.

  3. Comulgar, por lo menos una vez al año.

  4. Ayunar y hacer un sacrificio en favor del prójimo, según las disposiciones de la Iglesia.

  5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades, ofreciendo el diezmo anual.

Para cumplir con el quinto mandamiento de la Iglesia, debemos dar una vez al año un día de salario o su equivalente de los ingresos netos. Esta disposición excluye a quienes perciben el salario mínimo, pero la Iglesia les invita a que, de ser posible, ofrezcan una cantidad voluntaria como diezmo anual.

La ofrenda del diezmo no puede ser sustituida por ningún otro donativo dado por cualquier otro concepto, aunque sea a instituciones de la misma Iglesia Católica.

Los fieles que en los días destinado, no puedan cumplir con dicho precepto, pueden acudir a sus parroquias durante el resto del año.