Son muchas las interpretaciones que se le dan a éste último libro de la Biblia, pero por desgracia, la mayoría de ellas son hechas en sentido erróneo, al realizarlas fuera de la Iglesia y de acuerdo a lo que a cada uno se le ocurre. Pero a éstos, dice San Pedro: "Pero, ante todo, tengan presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia..." (II Pedro 1,20).
San Pablo dice: "... esos tales no sirven a Nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio vientre, y por medio de suaves palabras y lisonjas, seducen los corazones de los sencillos" (Romanos 16,18). Y también leamos II Pedro 3,16-18.
Introducción
La idea que debemos
tener antes de empezar nuestro curso es que el Libro del Apocalipsis
nos habla del amor y la preocupación de Dios por la salvación
de todos los hombres: "Dios quiere que todos los hombres se salven,
y lleguen al conocimiento de la verdad". (l Timoteo 1,2-4). Además,
se manejan dos ideas claras: El poder de Dios, que brota de su gran
amor y que finalmente vence; y el poder del mal, que es vencido, que
muchos han querido resaltar mas, sobre todo en películas y
predicaciones de gente inexperta en la interpretación de las
Escrituras.
Una idea antes de empezar: Es algo significativo el que Jesús
haya hecho éstas revelaciones a su "discípulo amado",
pues San Juan entendía perfectamente el amor de Dios revelado
en Jesús, y al que entiende el amor (no porque los otros apóstoles
no lo entiendan), se le da el encargo de revelarlo. Además,
habían pasado ya casi 100 años de que Jesús ascendió
a los cielos, y muchos cristianos se alejaban del amor de Dios.
Pero entremos a fondo a éste mundo maravilloso del amor de
Dios revelado a San Juan, el discípulo amado de Jesús,
a través del APOCALIPSIS. 1.
EL TITULO
La palabra
griega (apocalipsis)
significa manifestación, revelación.
Cuando hoy se habla
de apocalipsis, enseguida pensamos en catástrofes, espantos,
fuerzas terribles desatadas, bien sean cataclismos de orden natural,
bien una explosión nuclear. De éste modo olvidamos,
lo cual es muy lamentable para la interpretación del Apocalipsis,
que éste libro ha de ser leído como una revelación
de Jesús; como el descubrimiento del sentido del Evangelio.
Al mismo tiempo perdemos definitivamente de vista el hecho de que
el título de "Apocalipsis" es también una
indicación de género literario, o una manera de escribir
como luego veremos. 2.
EL APOCALIPSIS DE JUAN Y LOS APOCALIPSIS JUDÍOS
La forma de escribir un libro en género apocalíptico
tiene cuatro aspectos:
Esotérica
en su carácter (Con mensaje oculto): Angelología,
Demonología, Astrología, Numerología (7;
3; 666; 144,000; 12 etc.)
Seudónima
en su paternidad
Simbólica
en su lenguaje
Literaria
en su forma
El Apocalipsis
¿Es apocalíptico?. El autor del Apocalipsis tiene conciencia
clara de estar escribiendo un apocalipsis. Conoce las reglas del género
y se inspira en ellas. Pero su fe cristiana transforma fundamentalmente
el mensaje apocalíptico. Tan sólo se conserva la forma
externa y aún esto únicamente cuando sirve para el propósito
del autor: anunciar la conmoción que la venida de Jesús
provoca en la vida de cada hombre y del mundo entero, y celebrar la
espera cierta de su venida final, apoyándose en la experiencia
de su presencia actual, exigente y salvífica. 3.
PLAN DEL LIBRO
Un plan difícil. Basta leer algunos comentarios. Decir que
cada cual presenta un plan estructural no es exagerar, sino que resulta
muy difícil ofrecer un ordenamiento que satisfaga profundamente,
al menos nuestra exigencia de lógica. Y el caso es que rara
vez un texto ha llamado tanto la atención sobre algunas de
sus estructuras: hay siete iglesias, y por tanto, siete cartas; el
libro tiene siete sellos cuidadosamente enumerados; luego vienen las
siete trompetas y las siete copas; se anuncia tres desgracias, etc.
Los temas tratados.
Introducción
y visión inaugural (1)
Las dos
bestias (13)
Las siete
cartas a las Iglesias(2-3)
Los 144,000
y el juicio (14)
Visión
trono, cordero y libro de los 7 sellos (4-5)
Los ángeles
con las siete copas (15-16)
Los siete
sellos (6,1 - 8,5)
El juicio
de Babilonia (17,1 - 19,10)
El "paréntesis"
del capítulo 7
El Mesías
Juez (19,11-21)
Las siete
trompetas (8,6 - 11,19)
Los 1,000
años y el juicio (20)
El "paréntesis"
de los capítulos 10,1 - 11,13
La era
nueva (21,1-22,5)
La mujer,
su hijo y el dragón (12)
Epílogo
(22,6-21)
Algunas observaciones
sobre la composición del libro, sus principios y motivaciones:
+ Significado de los paralelismos.
Dicho de otra manera: el tema de las siete trompetas no es radicalmente
diferente del de las siete copas. El mensaje es fundamentalmente el
mismo. O mejor, anuncia las mismas verdades, pero con acentos distintos
cada vez, cambiando la iluminación o el punto de vista.
Trompetas
Copas
1.-
Granizo y fuego sobre la tierra: un tercio arde
1.-
Derramada sobre la tierra
2.-
Montaña ardiendo precipitada al mar, un tercio del
cual se convierte en sangre
2.-
Derramada sobre el mar, que se convierte en sangre. Todo perece
3.-
Un astro ardiente cae a las aguas dulces: un tercio se envenena
3.-
Derramada sobre las aguas dulces, que se convierten en sangre
4.-
Es herido un tercio de los astros
4.-
Derramada sobre el sol que abraza a los hombres
5.-
Una estrella arrojada del cielo, abre el abismo, sale una
humareda que oscurece el sol, langostas y escorpiones atormentan
a los hombres que no son de Dios
5.-
Derramada sobre el trono de la bestia, cuyo reino oscurece.
Los hombres son torturados, pero no se arrepienten
6.-
Liberación de los cuatro ángeles encadenados
en el Eufrates. Invasión, muere un tercio de los hombres
6.-
Derramada sobre el Eufrates, que se seca y permite la invasión
de los reyes de oriente
7.-
Proclamación de la actualidad del juicio
7.-
Juicio de Babilonia
+ Una progresión.
Las visiones repiten constantemente las mismas afirmaciones, pero
abren perspectivas propiamente escatológicas.+
Paréntesis esenciales.
Llamaremos paréntesis a la inclusión de un tema en medio
de otro. Son paréntesis de elementos que intervienen en la
serie con una función determinada, la de retrasar deliberadamente
la progresión. Por ejemplo, la pausa que separa el sexto sello
del séptimo (Ap.7), o la sexta trompeta de la séptima
(10,1-11,13). Del mismo modo podemos enjuiciar los capítulos
12 al 14, que siguen a la séptima trompeta y preceden la primera
copa. Una función muy similar es la que tiene, dentro de las
distintas visiones, los himnos y las proclamaciones solemnes: invitan
al lector a descubrir cómo los acontecimientos apocalípticos
anunciados le conciernen a él directamente. 4.
DESTINATARIOS
Dos
situaciones sucesivas.
Las observaciones
anteriores nos hacen suponer que el libro del Apocalipsis recibió
dos destinos diferentes y sucesivos. En su estado primero, al
comienzo del capítulo primero y por el cuerpo del Apocalipsis,
los capítulos 4 a 22,15, el libro parece preocuparse sobre
todo por los problemas que plantea a los cristianos el vivir en
el corazón de un imperio idólatra, donde se creía
que el emperador era dios, y por las amenazas que pesan sobre
quienes se niegan a plegarse a las exigencias del culto imperial,
o adorar al emperador.
El culto
imperial.
La visión
del capítulo 12 pone en escena a Satán, a la Mujer
Celeste, imagen del pueblo de Dios (12,1ss), y al Mesías.
Cuenta la historia de la hostilidad irreconciliable que enfrenta
al diablo contra Dios y los suyos.
La bestia que aparece ahora es una criatura de Satán, uno
de sus lugartenientes en la tierra, una realidad que de alguna
manera encarna al diablo en el mundo contemporáneo del
vidente. Es, pues, legítimo tratar de averiguar la identidad
de la persona o cosa que esconde tras ésta imagen.
La primera
bestia. Lugarteniente de Satán. Su apariencia muestra claramente
un parentesco estrecho con el dragón Satán (12,3
y 13,1). Es un instrumento del diablo, su apoderado. No es de
extrañar, pues, que la acción de la primera bestia
trate de empujar a los hombres a adorar al dragón.
Una realidad
política. Esta bestia recapitula los rasgos de las tres
primeras bestias de la visión de Daniel 7, que simbolizaban
respectivamente los imperios Babilónico, Medo y Persa.
La primera bestia designa asimismo un reino. Caracteriza la acción
de la primera bestia el "poder" ejercer el poder. Su
poderío es grande. Su dominio es universal.
Carácter
religioso. Son muchos los rasgos que ponen de manifiesto el carácter
religioso de la bestia: Blasfemo. Profiere blasfemias. Exige que
se le adore y celebre proclamando "¿Quién como
la bestia?".
El Imperio
Romano. Todos estos rasgos vienen a perfilar un retrato robot
que los primeros lectores del Apocalipsis identificaban inmediatamente:
se trata del Imperio Romano. La mentalidad popular atribuye fácilmente
el orden romano, que permite vivir en un mundo pacífico
y organizado, al favor de los dioses. Son aquellos quienes están
detrás de toda autoridad humana. Por eso el hombre en quien
se concentra todo el poder, el emperador, es de rango semidivino.
Roma/Babilonia.
En éste contexto hay que situar los capítulos 17
y 18 del Apocalipsis, donde se anuncia el juicio de Babilonia,
la gran ramera.
Las siete cabezas
de la bestia. (Ap.17,9-11), presenta una misteriosa alegoría
según la cual, las siete cabezas de la bestia son siete
reyes. Cinco ya han caído, el sexto reina todavía;
el séptimo pasará rápidamente. Luego vendrá
un octavo rey identificado a la vez con la bestia y con uno de
los siete soberanos anteriores.
La victoria
pascual. Satán es arrojado del cielo y precipitado a la
tierra en tiempos de Tiberio. El primer emperador demoníaco
será, pues el sucesor de Tiberio: Calígula. A continuación
vienen Claudio y Nerón, prescindiendo de los reinados enfermos,
y por momentos concomitantes, de Galba, Otón y Vitelio;
el cuarto es Vespaciano; el quinto, Tito; el sexto, bajo cuyo
reinado se escribió el Apocalipsis, es Domiciano. El séptimo
está por venir. Después vendrá el octavo,
de quien se dice a la vez que es uno de los siete y que se identifica
de alguna manera con la bestia. Es la perfecta encarnación
del imperio idólatra.
Sabemos que
Nerón fascinó literalmente a sus contemporáneos
por causa del exceso mismo de la perversidad (matricida, incendiario,
déspota...) A su muerte corren rumores de que el emperador
no ha muerto. Este es el octavo emperador, uno de los siete y
la bestia a la vez (13,3; 17,8; 17,8.11) Su regreso, en vez de
triunfo, será ocasión para que el mundo entero asista
a la derrota definitiva de las fuerzas satánicas.
El 666
El último versículo del capítulo 13, contiene
la más conocida dificultad interpretativa del Nuevo Testamento:
el número de la bestia, 666. El autor mismo nos advierte
que emplea una manera cifrada para designar a la bestia. El que
tenga inteligencia (inteligencia inspirada, claro está)
que entienda el código y lo traduzca. Pero volviendo al
problema, digamos con claridad de qué manera lo podemos
abordar: es posible descifrar cualquier mensaje codificado con
sólo disponer de una muestra de textos (o cifras) suficientemente
grande.
Este 666 es
resultado de un procedimiento llamado gematría. Consiste
en sumar el valor numérico de las letras que componen un
nombre o una palabra. Como se sabe, ni el hebreo ni el griego
tenían números. Estos son sustituidos por letras
con valor numérico. Por ejemplo las letras griegas l=1;
V=5; X=10; L=50; etc. El primer interrogante consiste en saber
cuál es el alfabeto de referencia, el hebreo o el griego.
Una de las soluciones más interesantes supone una base
hebrea. Las letras que componen la fórmula "Nerón
Emperador" (Qesar Nerwn, en hebreo; se pronuncia Quesar Nerón)
valen, en efecto, 666. El hebreo se escribe al revés que
el español, y no se escriben las vocales.
Letra
hebrea (Qesar)
Valor
Letra
hebrea (Nerwn)
Valor
Q=Qof
100
N=Nun
50
S=Samek
60
R=Resh
200
R=Resh
200
W=Waw
6
N=Nun
50
_______________________________________(Qesar
Nerwn). La Suma da un total de 666.
El número que nos interesa se compone de tres 6. ¿No
habrá en ello una insistencia deliberada, que trata de poner
de relieve el hecho de que la persona o realidad de que se trate se
halla marcada de manera definitiva por el número 6, esto es
una cifra que, por ser contigua al siete (perfección) sin llegar
a alcanzarlo, simboliza el mal, la rebelión contra Dios, la
idolatría?
Este tipo de simbolismo que, señalando con claridad el carácter
satánico de la realidad significada, excluye definitivamente
todo intento de identificación concreta; es quizá el
camino explicativo más seguro de este texto misterioso. Además,
tiene el mérito de extinguir la ardiente y peligrosa fascinación
que ejerce en el espíritu humano la posibilidad de ver en la
historia contemporánea las señales que el plan de Dios
hubiera establecido de antemano. Es decir: no podemos expresar
que el 666 vaya a nacer ahora; o que si nace, tenga en su cuerpo marcados
los tres 6.